Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

Poco a poco, pero con firmeza, las esperanzas de que el presente año marcara un repunte importante en la economía nacional, se desvanecen. Ya no es sólo la actitud y pesimismo del sector privado. Ahora se trata de los índices internacionales y las señales que envían las firmas que en el juego mundial marcan el rumbo a seguir y establecen quienes pueden y quienes no, salir avante.

Las firmas mundiales que señalan si un país, el que sea, tiene buen comportamiento y que se conocen como las encargadas de aprobar o no, las decisiones de los gobiernos, no están muy de acuerdo con el optimismo oficial. Moody’s ha decidido lanzar una señal que en México tendrá su impacto. El crecimiento para este año no será el que ha marcado el gobierno.

La Secretaría de Hacienda prometió un crecimiento del 3.9% del PIB, lo que hablaría de unos casi 400 mil nuevos empleos y una señal en el sentido de que las políticas financieras y las reformas estructurales han puesto al país en la línea correcta.

Pero los expertos, internos y externos, hablan de otra cosa. En México hay quienes piensan que el crecimiento se quedará muy cerca del 2%, en tanto que en lo externo se piensa que, si las cosas no se descomponen y las leyes secundarias de las reformas avanza, podremos llegar a estar cerca del 3%.

Las señales responde primero, a que la reforma hacendaria no fue recibida como se esperaba y después, a que el malestar en el sector privado no ha podido se controlado del todo, a pesar de los internos oficiales y de la puesta en marcha del acuerdo fiscal que obliga al gobierno a no modificar impuestos en lo que resta del sexenio.

Al mismo tiempo, en los externos es claro que el crecimiento de las economías fuertes es menor a lo calculado. Y la tardanza en lo interno, por poner en marcha las reformas, tendrá un impacto.

El lento proceso económico que nos ha llevado a un primer trimestre verdaderamente pobre en lo que a crecimiento se refiere, viene a ser el punto final en el escenario. Y todo ello se convierte en un pronóstico de menor crecimiento que, por lo pronto, deberá obligar a la Secretaría de Hacienda a un

mensaje diferente al sostenido hasta ahora.

A querer o no, en el país no hay inversión en los niveles que se querían. La creación de empleos es baja, cuando la hay, y enfrenta un proceso de pérdida de trabajos derivada de la falta de inversión. Esto es, se crea poco por un lado, y por el otro se pierden posiciones. Y el resultado es sencillo de entender.

Ahora, el impacto de todo ello es lo que falta por determinar.

Las autoridades tienen en la mano la segunda parte del mensaje de las corredurías internacionales que no es otro que el de hay que sostener el rumbo. Esto es, consideran que si México es capaz de aceptar los malos momentos de la actualidad, al paso del tiempo podrá obtener los resultados apetecidos.

El problema es que no hay una certeza del momento en que se llegará a la meta.

Hay quienes piensan que a partir del año próximo, con todas las leyes secundarias en la mano, el país podría avanzar un poco más. Pero no se sabe si ello alcanzará realmente para enfrentar todos los retos que se registrarán.

Por otro lado, el Banco de México ha dejado saber que es posible que sea hasta la parte final de la presente administración, con el 2018 como escenario, cuando el país alcance el nivel en el que quede claro que la mejoría se ha iniciado de manera sostenida.

Lo que está a la vista en estos momentos sin embargo, es que el este año no se llegará al crecimiento prometido. Que de nueva cuenta, en lo que al PIB se refiere, el avance será mas bien mediocre. Y que los beneficios para la población serán limitados.

Y ello, se reconozca o no, tendrá un impacto negativo en la imagen de un gobierno que entre otras muchas cosas, tiene ya demasiadas promesas sin cumplir. Y las cuentas se tendrán que resolver justo cuando el año próximo, el país se enfrenta a un nuevo proceso electoral federal, con el añadido de la renovación de un poco menos de un tercio de las gubernaturas.