Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

Es incuestionable que el escándalo de la Línea 12 del Metro se ha convertido en un desastre político para Marcelo Ebrard, al que por lo demás, desde el gobierno de la capital de la República se la ha lanzado una ofensiva que buscaba acabarlo políticamente. Pero según se ve, el exjefe del gobierno del Distrito Federal no será la única víctima de este caso.

Ante la representación de la Asamblea capitalina. Los representantes del consorcio certificador de la L12 pusieron a la vista aspectos que para las autoridades actuales son más que preocupantes. La famosa línea dorada arrancó sus funciones de acuerdo a las normas de seguridad. Y fueron los sucesores, esto es, el gobierno de Miguel Angel Mancera, quienes se olvidaron de todo lo que es el mantenimiento. Y ahí se originó buena parte del problema.

De esta manera, mucho de lo que se dijo en contra de Ebrard tendrá que aplicarse también, el grupo hoy en el poder. Y en esa línea, no habrá quien pueda salir totalmente ileso.

Es imposible por supuesto, defender o querer hacerlo, al señor Ebrard. La estela de su gobierno está lejos de ser la del “mejor alcalde del mundo”. Y si permanecemos sólo en el terreno de la vialidad y el transporte, habría más que suficiente para colocar al equipo del gobierno anterior, en muy serios problemas, de todo tipo.

Bastaría con analizar, por ejemplo, los casos de las ampliaciones en el sistema Metrobús, o todo lo sucedido con la supervía, para entender que el gobierno anterior no se limitó en lo absoluto, en la búsqueda de una imagen que le permitiera a su titular, Marcelo Ebrard, convertirse en líder partidista, en legislador y por supuesto, en candidato presidencial, llegado el caso.

Lo del metro y la L12 fue la cereza del pastel. Pero no el único caso. Así, cuando el equipo del señor Mancera se lanzó a destapar la corrupción en esa obra, olvidó que en ella podrían resultar situaciones fuera de su control

Ahora, el consorcio que se encargó de certificar la obra, señala que arrancó el servicio de acuerdo a

lo estipulado. Y que el problema fue que a pesar de que se avisó de la necesidad de ello, nunca se brindó el servicio de mantenimiento adecuado. Y de ahí los problemas y los riesgos que obligaron a cerrar buena parte de la línea 12

de manera simple, es claro que Joel Ortega y sus afanes de venganza en contra de Ebrard, no pensaron más que en la satisfacción de la revancha política. Y también lo es que, discursos aparte, el señor Mancera no tenía control alguno sobre sus funcionarios. Al menos claro está, que él mismo haya dado la autorización para desatar la cacería política en contra de Ebrard, sin importar más nada que impedir que grupos ajenos a sus intereses políticos pudieran consolidar sus posiciones en la capital de la República.

Ahora, el gobierno del señor Mancera tiene que devolver al gobierno federal algo menos de 500 millones de pesos que se entregaron para la obra del Metro y que no se justificaron. Y además, tendrá que explicar a los capitalinos las razones por las cuales aceptó que la L12 no recibiera mantenimiento.

Podrá alegar por supuesto, que no fue informado o que se le engañó+o. Pero con ello simplemente pondrá a la vista la capacidad de su gobierno y el desconocimiento de muchas cosas que aún no podemos identificar.

Para todo mundo es obvio que en el Metro, en cualquier línea, hay demasiados problemas, Que la inseguridad, los “vagoneros”, la calidad del servicio y la ausencia de mantenimiento real, son apenas cosas de todos los días. Y también es evidente, que el gobierno no hace nada.

Así, se nos dice que en la L12 no existió el mantenimiento en doce meses a pesar de que se hizo hincapié en esa necesidad. ¿La culpa total es aún del señor Ebrard? ¿Quitar del cargo a Joel Ortega será suficiente para resolver la crisis política del gobierno del Distrito Federal?

Doce meses sin mantenimiento parece más un epitafio político, que una respuesta técnica, para el gobierno del señor Mancera.