Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

Sin lugar a dudas, Michoacán es el gran dolor de cabeza político del gobierno de Enrique Peña Nieto. Y podría convertirse en un fracaso de dimensiones colosales si las cosas se descontrolan más de lo que ya se han salido de cauce.

El asunto de las autodefensas fue siempre, una trampa con la que el gobierno intentó, y de alguna manera logró, enfrentar el reto de los grupos que controlaban la delincuencia organizada, especialmente el cártel de Los Templarios.

Poco a poco, los avances se convirtieron en algo “simbólico”. En realidad, no se llegaba al fondo del problema y las “capturas” que se realizaban, no tenían impacto alguno hacia el interior de una sociedad que sabían, bien a bien, que lo que se presentaba como éxito, poco tenía de significativo.

Llegó el momento en que las autodefensas dejaron de ser útiles. Y los enfrentamientos entre los grupos armados, pasaron a ser una bomba de tiempo en las manos del gobierno.

Así, se entró en la necesidad de dar un paso hacia adelante. Y se detuvo a Jesús Reyna García, quien fuera gobernador interino y secretario de gobierno en Michoacán.

Este es, por supuesto, un movimiento muy importante. El gobierno federal parece haber decidido entrar en el problema real que no es otro que el de las complicidades entre autoridades, políticas y policiaco militares, con los grandes grupos de la delincuencia.

Detener a Jesús Reyna es un acto que tiene en sí mismo, un valor que debe reconocerse y destacarse. Pero cuyo valor se perderá si se queda sólo en ese punto.

Reyna está señalado, desde hace mucho, como un político relacionado con Los Templarios, y especialmente con los líderes de ese grupo.

Aún así, nadie intentó hacer nada para alejarlo de los centros de decisión política. Y al inicio de la actual administración, nadie protestó por que se le había designado como segundo en el poder en el

gobierno de Michoacán.

Del mismo modo, nadie protestó cuando el gobernador Fausto Vallejo, a causa de un serio problema de salud, tuvo que solicitar licencia para dejar el cargo. Y nadie protestó cuando Jesús Reyna fue declarado gobernador interino.

Es más, fue con ese gobernador interino que el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, realizó algunos de los anuncios más espectaculares en torno a uno de los muchos movimientos que el gobierno federal realizó para “rescatar a Michoacán”.

El 2 de agosto del año pasado, se llevó al cabo una gran evento político en Michoacán, con Jesús Reyna y Osorio Chong, acompañados de líderes políticos, representantes del Congreso local, líderes sociales y partidos políticos, en la que la relación de la Federación con el gobierno estatal quedaba no sólo acreditada, sino que servía como soporte a la determinación de pacificar la entidad.

Ahora, con la detención del exmandatario estatal, lo que se tiene que aclarar es el momento en el que el gobierno federal supo de las relaciones de Reyna con la delincuencia organizada.

Y ello por muchas razones. Una de las cuales nos remonta a los momentos en que Fausto Vallejo buscaba reincorporarse a su cargo y se iniciaba una dura batalla política entre quienes lo apoyaban a él, y quienes apoyaban a Reyna. Y en esa batalla participaron importantes políticos federales.

Podría recordarse, por ejemplo, la visita al Senado de la República, con el hecho de que Emilio Gamboa se mostraba más que complacido con la relación con el en ese momento, gobernador de Michoacán.

Y este es sólo, uno ejemplo.

Del mismo modo, habría que recordar como, después del evento del 2 de agosto, en Michoacán se dejó sentir una singular calma. Que desapareció justo cuando Vallejo retomó el poder.

Investigar a Jesús Reyna es un acto necesario e importante. Pero suponer que todo puede terminar ahí sería no sólo una ingenuidad, sino un error político.

Y ese tipo de errores pueden tardar en tener que pagarse. Pero las facturas siempre aparecen al paso del tiempo.