norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Después de soportar a lo largo de un año y casi ocho meses la incapacidad del Senado de la República para resolver el trabajo legislativo, la Cámara de Diputados mostró ayer no sólo su malestar por la actitud de la colegisladora, sino los riesgos políticos que semejante actitud provocan en la agenda nacional.

Los diputados suspendieron labores toda la semana pasada, debido a que en el Senado no fueron capaces de alcanzar acuerdos para desahogar los temas pendientes, algunos de ellos de los considerados fundamentales por ser el complemento de alguna de las llamadas reformas estructurales.

Y soportaron la crítica por sus “vacaciones”, a pesar de que la responsabilidad partía de la falta de acuerdos entre los senadores.

Pero ante la evidencia de que la agenda legislativa no sólo se encuentra atorada, sino que podría ser detenida por más tiempo del programado, los diputados aparecieron ayer para hacer una crítica, que por comedida no deja de ser contundente, sobre el trabajo que se realiza en el Senado.

Y aquí vale la pena retomar el hecho de que el Senado. Desde que inició la actual Legislatura, en septiembre del 2012, ha visto como los senadores se han dedicado a tratar de imponer sus puntos de vista sobre cualquier cosa, antes que respaldar los proyectos del gobierno.

Así, y a pesar de que en aquel entonces se tenía ya el famoso Pacto por México, el PAN y el PRD entorpecieron proyecto tras proyecto, sin importar otra cosa que la satisfacción de sus ambiciones partidistas.

El PAN, con Gustavo Madero al frente, accedió a respaldar tal o cual iniciativa, siempre que se le cumpliera algún capricho. Así, logró avances electorales a mediados del año pasado y alcanzó que alguna de sus viejas iniciativas pasara a formar parte de las aprobaciones en el Congreso.

El PRD avanzó en el mismo sentido. Y las presiones cobraron vida en la Cámara de Senadores. El PRI nunca fue capaz en esa Cámara, de lograr los acuerdos necesarios y menos dentro de los tiempos y

formas en que se presentaban desde el Poder Legislativo.

Ahora, el tiempo se ha venido encima. La reforma electoral tiene tiempos fatales que de no cumplirse, simplemente provocarían un caos político para el año próximo durante las elecciones en las que se renovaría toda la Cámara Baja, varios Congresos locales y todo el aparato político del DF que depende del voto ciudadano, a excepción de la jefatura de gobierno.

Del mismo modo, aparece en el debate, la ley de telecomunicaciones, con posturas en la izquierda que rayan en la confrontación, sin que el PRI en el Senado no solo no tenga control de la situación, sino que da la impresión de ni siquiera saber cómo hacerle frente al problema.

En este escenario, los diputados, de todos los partidos, decidieron recordarle a los senadores, los riesgos que corre el país gracias a su incapacidad política. Y también, para hacer notar que el plazo en el terreno electoral, podría vencerse el último día del presente mes. Y con ese planteamiento, recordar a los senadores, el tamaño de la responsabilidad política que enfrentan.

Por supuesto, los senadores protestarán. Hablarán de sus facultades y sus derechos. Y dejaran ver que los diputados no pueden presionarles de manera alguna.

Pero la verdad es muy sencilla. El PRI en el Senado no ha podido con el paquete. Una y otra vez, el Senado ha entorpecido el trabajo legislativo. Ha dado pie a controversias constitucionales y ha detenido proyectos de todo orden, sin explicación alguna.

Sólo que en esta ocasión, el tema es mucho más serio. Si los senadores no resuelven el reto, el país entraría en un terreno altamente riesgoso y las elecciones del año próximo podrían ser un verdadero conflicto en todos los órdenes.

Por ello la protesta de los diputados. Que en pocas palabras podría significar que ante la ausencia de un verdadero liderazgo priísta en el Senado, lo que se requiere es que todos en la Cámara Alta sepan qué es lo que han puesto en riesgo.