norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Ante el evidente fracaso del liderazgo político en el Senado y frente a la presión de los tiempos legislativos ya vencidos prácticamente, ayer se escenificó una reunión entre los coordinadores de diputados y senadores. Y mucho más allá de lo que se resolvió en el encuentro, lo que importa es el evento en sí mismo.

Debe tenerse muy claro, que como aquí se ha señalado en varias ocasiones, el Senado de la República no ha logrado alcanzar los acuerdos necesarios para mantener el ritmo de avance en la aprobación de las reformas estructurales y sus leyes reglamentarias.

El actual período ordinario de sesiones arrancó el primer día de febrero. Y la Cámara Alta fue seleccionada como Cámara de Origen para dar paso a las reglamentarias para Telecomunicaciones y para el tema electoral.

Y a unos días de que al período concluya, el día 30 se cierra el trabajo ordinario, en el Senado no se ha logrado nada.

Esta situación nos lleva al encuentro de ayer. Y los discursos pueden decir todo lo que se acostumbra en una situación de este tipo. Las críticas se guardan y se muestran las mejores formas y maneras para que la ciudadanía vea que la disposición para el trabajo conjunto es real.

Pero en la práctica, es obvio que el mensaje de los diputados fue contundente. El Senado tiene la responsabilidad de haber empantanado los tiempos legislativos. Su incapacidad para llegar a los acuerdos es evidente. Y ello se traduce en un hecho claro: el Congreso se encuentra ya, en omisión legislativa.

Esto no implica sanciones, pero sí demuestra que en el Senado lo que no importa es precisamente, el interés nacional. Todo se reduce a una lucha en la que los grupos, todos, lo que defienden son sus parcelas de poder. Y a ello queda sujeta la agenda nacional.

Así, la reunión de diputados y senadores de ayer tiene que entenderse primero, como un mensaje

para que en la Cámara Alta se entienda que hay un programa que cumplir. Y que de ser necesario, como lo será, se realizarán períodos extraordinarios de sesiones para desahogar los temas.

Después, y es obvio, los diputados tienen que haber señalado lo que se tiene en juego. Y que si bien no hay sanciones ante la tardanza, sí es lógico pensar que se tendrá que hacer frente a costos políticos, entre los que por supuesto, destacaría el tema de la respetabilidad y credibilidad de parte de los votantes.

Los diputados, que ya habían lanzado algunas críticas a los senadores, deben haber asistido a la reunión con sus camaradas legisladores, con la idea de sensibilizarlos en torno al impacto que el trabajo en el Senado tiene de negativo y todo lo que ello puede representar a la hora de presentar los resultados a la sociedad.

El Congreso aprobó el año pasado, que la ley reglamentaria en Telecomunicaciones, tendría que estar lista el 9 de diciembre. Fecha que no se cumplió. Para el caso de las leyes energéticas, se marcó el 19 de abril. Y ni siquiera se ha recibido la iniciativa respectiva. Y en lo que se refiere al tema político electoral, se estableció el 30 abril, fecha que podría cumplirse sólo en parte, ya que el Senado tendría que aprobarla en unos días y obligar a los diputados a que le dieran el visto bueno en horas, lo cual no parece muy probable.

Pero lo importante de ayer no son los acuerdos y los compromisos. Lo que llama la atención es que, a final de cuentas, los diputados tienen que haber pedido a los senadores, respeto a la ciudadanía. Y la conquista de los acuerdos a base de una visión político seria y global. Mucho más allá de los intereses de grupo o de la incapacidad política del priísmo que no ha logrado resolver adecuadamente, el reto planteado por la oposición en la Cámara Alta.