norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Los datos del CONEVAL y la UNICEF son además de contundentes, dramáticos. Y pone a la vista no sólo el fracaso de las política sociales aplicadas en el país, sino la falta de una estrategia en la que, realmente, el solucionar problemas sea el objetivo.

Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, en el país enfrentamos una verdadera crisis que puede alcanzar niveles muy serios. El dato de que el 53.8% de los niños y jóvenes de 0 a 17 años viven en la pobreza, no es menor, ni algo que pueda simplemente dejar de atender.

De inicio, este sólo dato nos informa que, se acepte o no, lo que está en juego es en buena medida, el futuro del país. Y el futuro a corto plazo.

Si la mitas de nuestros jóvenes e infantes se encuentra en la pobreza, tenemos que deducir que la mayor parte de ellos está fuera de la esfera educativa, ante la obligación, en los más grandecitos, de ayudar al sostén familiar.

La situación se complica cuando CONEVAL y UNICEF destacan que 3 de cada diez de los jóvenes e infantes pasan hambre. Es muy fácil entender el impacto de esta situación. Y más fácil aún, comprender que el “pasar hambre” es uno de los más importantes obstáculos para el desarrollo de una persona.

El panorama alcanza un nivel mucho más serio, si es que ello es posible, cuando el informe sobre la pobreza y derechos sociales de niñas, niños y adolescentes en México establece que algo más de 21 millones de mexicanos enfrentan carencias en rubros como el de vivienda, seguridad social, salud o alimentación. Dicho de otra manera, la quinta parte de la población padece una problemática que rebasa, con mucho, cualquier escenario optimista.

Pero el informa alcanza un nivel de dramatismo absoluto cuando señala que el 78.5% de los infantes campesinos es pobre, y el 33.4% vive en pobreza extrema.

Con un horizonte de esta magnitud, parecería obligado saber si las políticas sociales del gobierno tienen realmente el impacto que se anuncia en los discursos.

Cada año, cada gobierno, habla de grandes cantidades dedicadas al renglón social. Se plantean importantes objetivos y se lanzas cifras de miles y miles de mexicanos beneficiados.

Pero de acuerdo al citado informe, en el país lo que ha crecido es la pobreza. Y los mexicanos que viven en pobreza extrema son cada vez más.

Así, ¿cómo se elaboran los programas sociales? ¿cómo se establecen los objetivos a lograr? ¿quiénes elaboran las estrategias? ¿y quién está a cargo de evaluar los resultados alcanzados, si es que hay logros realmente?

¿Cómo es posible que si cada año se destinan mayores cantidades a enfrentar la pobreza, cada año se tenga un mayor número de mexicanos en la pobreza?

¿Las decisiones políticas dependen de los programas sociales, o los programas sociales dependen de la política? ¿cuándo el PAN demandó la suspensión de los programas sociales, como la cruzada contra el hambre el año pasado, quién atendió a los mexicanos afectados por esta medida? ¿Por qué el gobierno aceptó esa demanda?

Las cifras del CONEVAL y la UNICEF hablan por sí solas. La situación es la demostración del fracaso de los gobiernos federales y estatales. Sin lugar a dudas. Pero lo importante es ¿cómo se piensa enfrentar el problema y en cuánto tiempo se podrán ver los resultados?

Si el Estado de México es uno de las entidades con mayor nivel en este problema, ¿podemos esperar que el gobierno federal alcance resultados diferentes?

La tensión social está a la vista. Y el tiempo para hacerle frente no parece ser mucho.