Agobiado por la falta de resultados contundentes en su gobierno, arrinconado por las denuncias de corrupción en los gobiernos del PRD y con una seria caída en popularidad y credibilidad ante la ciudadanía, Miguel Angel Mancera, jefe de gobierno del Distrito Federal, ha decidido librar una batalla política en favor del salario. Al menos en el discurso.
Con las cifras en la mano que le señalan la enorme pérdida política que ha sufrido en el ánimo de los habitantes de la capital del país, el señor Mancera parece creer que ha encontrado una puerta de escape que no sólo le permita recuperar el terreno perdido, sino que le catapulte hacia adelante y le de la plataforma político electoral que lo convierta en un contendiente importante en el 2018.
El titular del gobierno capitalino habló en el encuentro “Salario Mínimo, Política Salarial y Políticas de Ingresos en la Ciudad de México”. Y decidió hacerlo como si en realidad fuera un político de avanzada. Y planteó la necesidad de un debate nacional en torno a las condiciones prevalecientes en torno al salario.
Y Mancera dijo cosas que todo mundo sabe, pero que igual callan. Se refirió al deterioro progresivo del salario a partir de 1976, con cifras que no por conocidas dejan de ser alarmantes.
El salario a nivel nacional, ha perdido un 77% de su poder. Y de esa situación parten muchos de los problemas sociales que se viven en el país.
Lo anterior por supuesto, es cierto. Y se ha denunciado de muchas maneras y desde diferentes trincheras. Y la izquierda que postuló al señor Mancera, no ha hecho otro cosa que discursos y denuncias. A la hora de los votos en el Congreso, siempre han estado en el punto en el que sus liderazgos desean que esté. Por aquello de los pactos, los acuerdos y las conveniencias.
Los discursos por supuesto, van y vienen. Las “tomas de tribuna” son una constante. Pero nunca se pasa de ahí.
Ahora, el señor Mancera quiere retomar la bandera. Pero si la idea no es mala, lo que hace falta es
seriedad.
El salario mínimo en el país se convirtió en un instrumento en contra de los trabajadores. La Comisión del Salario Mínimo pasó a ser el abogado de los patrones. Y los topes se establecieron no en función de las necesidades de los trabajadores, sino en función de las presiones patronales y las políticas oficiales.
Si el señor Mancera en realidad quiere un debate nacional, tiene que hacer algo más que llevar su propuesta a la Conago. Puede convertir al DF en un ejemplo. Y al mismo tiempo, pedir a los otros gobernadores salidos de las filas del PRD que hagan lo mismo.
Y al mismo tiempo, puede promover con los legisladores de la izquierda, un proyecto serio, para que se debata en el próximo período de sesiones del Congreso.
Tiene por supuesto, que evitar que este posicionamiento se convierta sólo en una bandera de corte electoral con la mira puesta en el proceso del año próximo.
Y también, puede convocar a los empresarios de la capital del país, a que le acompañen en esta campaña. Pude convencerlos y puede explicar a la sociedad qué es lo que piensa y qué es lo que en el fondo propone para revitalizar al salario.
Si la seriedad es cierta, el proyecto tendrá por razones lógicas, una gran oportunidad para avanzar. El debate ubicaría al salario como parte de los factores de la producción y no como sucede ahora, como parte de los insumos.
Si todo lo que se busca es un posicionamiento electoral, el señor Mancera habrá entrado en un terreno pantanoso. Y el costo será importante. Y en plazos muy cortos.

