norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

La realidad se ha convertido en el gran enemigo del gobierno federal. Por más esfuerzos que se hacen y por más discursos llenos de optimismo que se presentan, la realidad se encarga una y otra vez, de poner en claro que en el país, los problemas están muy lejos de encontrarse bajo control.

En el caso de la violencia, Michoacán no acaba de entrar en una etapa real de pacificación, en tanto Tamaulipas y Morelos adquieren una tonalidad peligrosa y preocupante, sin que se tenga a la mano, no una explicación, sino por lo menos, un pronunciamiento capaz de recuperar la confianza de ,los ciudadanos.

Pero eso no es todo. En el renglón político, los grandes discursos disparados en favor de las grandes reformas “que el país necesita”, sufren en el Senado de la República un nuevo tropiezo originado primero, en la ausencia de un verdadero liderazgo político en la Cámara Alta y después, en la postura de los partidos de oposición que han entendido que chantajear al gobierno es, para ellos, un muy buen negocio.

Las medidas extraordinarias adoptadas en Michoacán para “pacificar” esa entidad, no fueron bien recibidas en el inicio. El gobierno federal decidió negociar la ley. Aceptó a las autodefensas y el comisionado especial apareció en fotografías, con representantes de los Templarios.

Poco a poco y más a fuerza de pronunciamientos que de otra cosa, se habló del gran éxito de las medidas adoptadas. Pero en la realidad, lo que se tenía en la mano no pasaba de ser el abatimiento de grupos armados, para fortalecer a otros. El desarme prometido no llega a ser realidad.

Y la desconfianza simplemente aumenta.

En lo que se refiere a Morelos, el gobierno de Graco Ramírez se convierte poco a poco, pero con firmeza, en una triste caricatura política. Su promesa de devolver la tranquilidad a la entidad en algunos meses, no sólo fue rebasada ya por la realidad, sino que la ciudadanía en la entidad vecina se ha convencido de que los problemas están a punto de ahogar al estado.

Secuestros, robos, asesinatos y violencia generalizada, son parte del diario acontecer en Morelos. Y las autoridades no encuentran solución al reto planteado por la delincuencia. Funcionarios van y vienen y los resultados están lejos de ser lo que los ciudadanos demandan.

Y el gobernador aparece sólo para atacar a sus críticos dentro y fuera del PRD. La entidad está a punto del colapso total, pero lo que al señor Graco Ramírez le preocupa no es más que su imagen política dentro de la izquierda mexicana.

Un caso similar es el que sucede en Tamaulipas. La violencia es ya de tal magnitud, que los grupos de delincuentes se dan el lujo de colocar mantas a unos cuantos metros de las oficinas de las autoridades estatales, presumiendo el asesinato de tal o cual funcionarios y recordando a los vivos que todo se vale, menos el no cumplir los acuerdos sellados.

Bloqueos en las ciudades, balaceras constantes y a cualquier hora, ausencia total de gobierno y pérdidas millonarias para quienes trabajan o invierten en el estado.

Egidio Torre no tiene control alguno. No importa lo que haga o diga. Nadie lo toma en serio y menos en cuenta. Y sus “esfuerzos” por demostrar que tiene al estado en las manos son causa de mofa por parte de los tamaulipecos.

Total, en Tamaulipas se ha rebasado prácticamente todos los niveles. La sociedad está angustiada y molesta con todo tipo de autoridades, lo mismo locales que federales.

En un escenario de este tipo, en el que la inteligencia que se prometió para combatir a la delincuencia y el acuerdo con el que se aseguró se alcanzarían las reformas estructurales, no aparecen en ninguna parte.

Y a cambio, los ciudadanos ven como el gobierno es chantajeado por las oposiciones y como los grupos de delincuentes dejan sentir su poder. En tanto, las autoridades preparan una nueva tanda de discursos para demostrar lo bien que se encuentra el país.