Por Norberto DE AQUINO
Como es ya una costumbre, nada recomendable, pero costumbre sin duda alguna, en el anuncio en torno a la nueva estrategia de seguridad que se aplicará en Tamaulipas, lo importante no son los ejes sobre los que se fincarán las acciones a seguir, sino la falta de información que permita entender las razones por las cuales se dejó a su suerte a la norteña entidad.
El secretario de Gobernación. Miguel Angel Osorio Chong, acompañado por el eje de poder de las fuerzas armadas, planteó un esquema de seguridad que se resume en puntos simples, pero importantes:
sellar las rutas de la delincuencia, ya sea de personas, dinero o drogas; desarticular las organizaciones delictivas y garantizar las instituciones para hacerlas confiables y efectivas.
Y es precisamente en ese punto en donde las interrogantes aparecen.
No se requieren grandes conocimientos para entender que los puntos que hoy se plantean como solución para la creciente violencia en Tamaulipas, son no sólo lógicos, sino obligados. Dicho de manera más directa, es algo que se tendría que hacer siempre y desde todos los niveles.
Al momento en el que el gobierno federal plantea esas acciones como algo “novedoso” y lo presenta como una medida de alto impacto, lo que en realidad demuestra es que, al menos en Tamaulipas, no se había cumplido con la obligación más elemental en el campo de la seguridad.
La estrategia del gobierno federal contempla la división de la entidad en cuatro zonas, con un encargado por cada parte, pero con un programa más o menos general.
Algo parecido a lo que se impuso en Michoacán, sin llegar al extremo de “importar” un político nativo del estado de México para substituir en los hechos, al gobernador legítimamente electo. Ahora habrá 4 “jefes políticos” que de manera alguna tomarán en cuanta al mandatario estatal, pero que sin ser tamaulipecos, no impondrán funcionarios o decidirán cambios en el gobierno local.
Pero el punto se mantiene. Si la estrategia es simple y obvia, ¿qué fue lo que determinó que no se
realizará antes?
Las cosas adquieren en este renglón, una tonalidad más preocupante cuando con bombo y platillo, se anuncia que el patrullaje en las carreteras de Tamaulipas se realizará las 24 horas del día. Y no se requiere de mucho para entender que estos significa que ese patrullaje no se realizaba de esta manera.
Y se acepte o no, ello quiere decir que las autoridades encargadas de la seguridad en aquella entidad trabajaban horarios que nada tenían que ver con la problemática estatal.
Del mismo modo, habrá que suponer que si las cosas se salieron de control, alguien tendría que explicar las causas por las cuales se retiró de Tamaulipas a las fuerzas que e habían enviado en el pasado. Y del mismo modo, se tendría que aclarar el motivo por el cual hasta casi 17 meses después de iniciado el actual gobierno Tamaulipas regresa al tablero del gobierno federal.
El problema no es de planes, sino de decisiones. Ahora se decide tomar medidas. Pero antes se decidió no hacer nada. Y esas son las explicaciones que hacen falta.
Desarticular las rutas de la delincuencia es algo que se supone, se intenta en todas partes y en todo momento. Del mismo modo, atacar las organizaciones criminales es algo que, salvo una explicación en contrario, resulta ser la obligación de la instituciones encargadas de la seguridad en el país. Y hacer confiables y efectivas a las instituciones no sólo no es algo novedoso, sino que resulta totalmente ofensivo que se presente como un objetivo en ka nueva estrategia para Tamaulipas, cuando es, en el menor de los casos, una obligación inmediata de toda autoridad.
Así, bienvenida la decisión de combatir la violencia en Tamaulipas. Lástima que se haga con un mensaje que, en el mejor de los casos, parece partir de la idea de que los tamaulipecos en lo particular y los mexicanos en lo general, no merecen el menor de los respetos por parte del gobierno.

