Por Norberto DE AQUINOnorberto-de-aquino

El fracaso de la política económica es inocultable, por más discursos y promesas que se presenten sobre el futuro nacional. Pero para el gobierno de Enrique Peña Nieto el problema podría ser mucho más serio de lo que se quiere reconocer. A final de cuentas, el que el proyecto económica sufra tan duro revés es apenas la formalización de la idea de que, se reconozca o no, hacia el interior de la administración federal existe todo, menos una unidad a toda prueba.

Luis Videgaray ha sido objeto de muy duras críticas. Abiertas y veladas. Y ha quedado a la vista el hecho, contundente, de que en su sector, el malestar no es sólo real, sino creciente. Pero al mismo tiempo, el tener que ajustar la baja las expectativas de crecimiento, ha dejado ver como desde el gobierno mismo, no se ha perdido la oportunidad para magnificar el fracaso.

Así, Enrique Peña Nieto tiene en la mano el problema de fondo, que no es otro que la división de su grupo de trabajo. El querer colocar a la Secretaría de Hacienda en contra de la pared no es más que el intento por fortalecer a otro grupo. Y como el gobierno fue desde un principio dividido en dos grandes bloques, ambos poderosos y con proyectos particulares, lo que resulta es que el presidente tiene a la vista un hecho nada alentador: la visión del futuro político de esos grupos, es la que ha dado pie no a una división política, sino al choque de intereses.

Es evidente que el proyecto económico del gobierno no ha dado los resultados prometidos. Y que desde el inicio, el ajuste a la baja ha sido la constante, lo que se traduce en la incapacidad para la creación de empleos y el cumplimiento de otras promesas de campaña.

Para nadie es un secreto que el sector político lejos está de poder presumir grandes logros. Pero también resulta evidente que el fracaso económico cubre cualquier otra falla. Y eso ha dado pie a una batalla ya abierta y descarnada.

Si el grupo financiero quedó en manos de parte del equipo de mexiquenses que acompañó a Peña Nieto desde siempre, el grupo político corre a cargo de los hidalguenses que con Miguel Angel Osorio Chong ayudaron a cerrar alianzas para la conquista de la gran candidatura.

Pero lo que en campaña pareció caminar como un sólo grupo, en el poder se ha separado. Y la lucha por posiciones y decisiones se ha convertido en una constante, hasta llegar ahora ante el tropiezo financiero, a una escalada que ya no permite duda alguna sobre lo que sucede en el seno del gobierno federal.

Luis Videgaray han quedado atrapados en el centro de la tormenta. Y a las muchas críticas que se han vertido en su contra, poco a poco aparecen voces de apoyo desde diversas posiciones políticas y administrativas.

Y no deja de llamar la atención que el PRI, que sólo se ha dedicado a lanzar elogios para el presidente de la República, aparezca para patentizar su apoyo al equipo de Hacienda. Mexiquenses en apoyo de los mexiquenses.

Por el momento, la política económica ha quedado en entredicho. Las promesas para este año no se cumplirán. Y se han hecho afirmaciones que dejan ver que para el año próximo, la idea de un 4.7% está más bien lejos de poder lograrse, lo que simplemente aumenta el nivel de críticas y riesgos para la administración federal.

Para el presidente de la República la situación es clara. No importa lo que se diga. En el gobierno la distancia entre los dos grandes grupos de poder no sólo aumenta, sino que sirve para intentar debilitar a la contraparte.

Y ello, como se vea, no puede interpretarse más que como una fractura. La unidad ha quedado atrás. Y la batalla por el futuro será sin cuartel. Y los fracasos que se registren serán utilizados para golpear a los rivales,

Sin importar que, a final de cuentas, cada fracaso sea del gobierno en su totalidad y no sólo de un grupo en particular.