norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Sin lugar a dudas, este es el peor momento de la Secretaría de Hacienda. Enfrenta un evidente golpeteo desde las filas del gobierno. Sus relaciones con el Banco de México son pésimas. Y ahora, por si algo le faltara, Merril Lynch acaba de atacar la credibilidad del equipo de Luis Videgaray, con un sonoro “la economía de México se encuentra, todavía, en recesión”.

Es sencillo adivinar el efecto del mensaje enviado por la firma estadounidense. Y más fácil entender el efecto que tendrá en el interior del país, especialmente cuando la Secretaría de Hacienda ha demostrado, de manera sobrada, ser abiertamente inútil para informar, explicar y convencer a nadie, sobre sus estrategias y objetivos.

La postura del gobierno en materia económica, había sido primero, defender la estrategia aplicada y, después, negar por todos los medios posibles, la existencia de la recesión en México. En todos los foros posibles, Hacienda había negado esa posibilidad. Ahora, con la afirmación de Merril Lynch, negar el problema será no sólo más difícil, sino que obligará al gobierno a tratar de encontrar antes que nada, una ruta que le permita recuperar la credibilidad que ha perdido.

El problema es aún mayor, si se toma en cuenta que, justo en el momento en que desde el exterior llega el golpe, el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, demanda a la Secretaría de Hacienda que reconozca que “lo que parecía un retraso en la recuperación, se ha convertido finalmente, en recesión”.

Con el frente de batalla abierto, más que en lo económico, en lo político, y con el sector empresarial

molesto y confrontado con Hacienda, el mensaje presidencial del martes pasado en el que se pidió a los empresarios, jugársela con las reformas económicos, queda en el aire. Esto es, los destinatarios de la demanda presidencial tardaron apenas unas horas, en responder de una manera clara. No están de acuerdo con los cambios ejecutados.

Es más, el sector privado considera que el gobierno tendría que aceptar la existencia del problema de

la recesión ya que sería “más constructivo que en vez de criticar los indicadores, se aceptara la situación para poder fortalecer la expectativa de crecimiento”.

La situación es entonces, muy clara. La estrategia del gobierno choca en lo interno, en lo externo y no tiene apoyos del sector empresarial.

Pero todas las partes involucradas evaden la realidad del problema económico, Se llame recesión o de otra manera, la verdad es que el país no crece. Y al no hacerlo, no responde de manera alguna, a las demandas de la sociedad en terrenos como el empleo y la inversión.

Y este es el verdadero problema de Hacienda. El gobierno no entiende que un debate sobre si existe o no recesión es, para los ciudadanos, intrascendente. Importa a quienes afirmar y a quienes niegan. Pero para los mexicanos en su inmensa mayoría, el problema es diario. ¿alcanza o no? ¿hay empleos o no? ¿las posibilidades de enfrentar con éxito la crisis planteadas en los discursos oficiales son reales o no?

Esta situación va mucho más allá del renglón financiero y rebasa con facilidad el debate sobre si existe o no una recesión en nuestra economía. El problema es que la situación no permite crecer. No hay inversión y la demanda de empleo no tiene forma de resolverse. Ello se traduce en tensiones sociales que, se reconozca o no, van en aumento.

Y ello se traduce en un impacto político que tendrá un costo en el respaldo al gobierno. Y las elecciones federales para renovar la Cámara de Diputados están a un año de distancia. Que no es mucho para encontrar las soluciones adecuadas. Recesión o como se llame el problema. El reto está planteado. Y desde el exterior llegan señales que no deben perderse de vista.