Javier Divany Bárcenas
La batalla hasta ahora perdida por el jefe de gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera y el director del Sistema de Transporte Colectivo Metro, Joel Ortega, contra de los vagoneros y bocineros, es sólo un botón de lo que no ha podido cumplir el mandatario capitalino a los habitantes del Distrito Federal.
No sólo les prometió a los vagoneros y bocineros capacitarlos, emplearlos y apoyarlos para que dejen de vender de manara irregular en los trenes del Metro, sino que ocupa cerca de mil elementos de la Policía Bancaria e Industrial para evitar la operación de los mismos.
Pero parece que de los casi mil quinientos vendedores informarles del Metro a los que se les ofreció el programa de la ciudad, reaparecieron el doble o triple de vendedores informarles, quienes ahora se dedican a capotear a los policías para poder vender sus productos.
Algunos usuarios del Metro hacen caso omiso a las costosas campañas publicitarias que hace el Metro para que la gente no compre productos en los vagones, mientras que otros solo miran con descontento, desesperación y frustración el hecho de que sigan existiendo los vagoneros y bocineros.
Los vendedores no solo saben a qué hora llegan los policías, sino también saben cómo operan, en qué estaciones se reúnen, cuántos son en cada línea del Metro, hacia dónde se mueven y quiénes son los uniformados que les dan chance de vender o se hacen que no ven.
Aún en las cuentas de Twitter el personal del Metro y del Gobierno de la Ciudad, se dan el lujo de responder que “siguen trabajando para erradicarlos”, cuando hace más de tres meses comenzaron a operar los PBI para quitarlos de los trenes a los vagoneros y es momento que no pueden.
Pero a Miguel Angel Mancera le llueve sobre mojado, y usted dirá si ¿no? El fallido operativo (¿otro?) en el pueblo de San Bartolo Ameyalco, perímetro de la delegación Álvaro Obregón, en donde mil quinientos policías de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal SSPDF del cuerpo de Granaderos fueron seriamente lapidados por un grupos de rijosos del pueblo.
La preguntas quedaron en el aire, y es que el delegado de Álvaro Obregón Leonel Luna Estrada fue quien pidió la fuerza pública porque no le dejaban terminar la obra para introducir red de agua potable; segundo, el secretario de la SSPDF, Jesús Rodríguez Almeida tuvo y tiene siempre la dicha de mandar a sus policías sin tolete, esto por aquello de los Derechos Humanos y por la filosofía de los partidos y gobiernos de izquierda, de que la policía del DF no debe tocar a nadie ni con el pétalo de una rosa.
Tercero, la falta de estrategia política para arreglar el conflicto que se estaba dando con los pobladores de San Bartolo Ameyalco, en donde al parecer los llamados “piperos” estaban atrás de la movilización y por último, entre los agresores se involucraron grupos de choque.
Policías de la SSP estuvieron a punto de perder la vida al NO tener derecho a defenderse en el momento en que eran agredidos con piedras, palos, tubos y todo tipo de objeto contundente, porque tienen instrucciones UNICAMENTE de disuadir a las personas.
En países desarrollados y en vías de desarrollo la policía va equipada para disuadir y defenderse, toda vez que su vida corre peligro en eventos de confrontación. ¿en qué momento entran los derechos del policía como persona y cuando su vida corre peligro?, ¿hasta cuándo se va a dotar a los policías con toletes, cuando las turbias los amenacen? y ¿en este caso, no tendrían responsabilidad las autoridades por los hechos, sobre todo Mancera, Almeida y Leonel?
Esperamos que el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera, durante su viaje a Europa, haya reflexionado sobre la pobre y precaria situación de la policía del Distrito Federal ante hechos como el de San Bartolo Ameyalco.
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@javierdivanybz

