Por Norberto DE AQUINO
Las señales parecen claras. El campo de batalla para la contienda político electoral del año próximo que llevará a la renovación de la Cámara de Diputados, se define con precisión. Y lo que para las oposiciones parece ser la opción adecuada, queda ubicada en el campo económico, para el gobierno federal se convierte en lo social, con la Cruzada contra el hambre como gran conquista social.
Las señales económicas, lo mismo nacionales que internacionales, no dejan lugar a dudas. No es tan sólo el enojo de los empresarios, sino los augurios de loa expertos que suponen que el estancamiento económico no dará oportunidad a un repunte importante en lo que resta del año. Hablan de un optimista 3% de crecimiento, lo que en nada impactará el ánimo de los votantes.
En lo interno, los organismos como el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, hablan de la ausencia de “señales claras de recuperación”, con lo que se contraponen a la Secretaría de Hacienda y remarcan el distanciamiento entre el sector privado y las políticas oficiales en la economía.
Del otro lado, el gobierno relanza su programa estelar. Quizá el único que verdaderamente tiene algo, quizá no suficiente, pero sí algo, que presumir. Y se cambian las metas al alza, para de alguna manera, intentar compensar el ajuste a la baja en la economía.
De esta manera, llegar a los poco más de tres millones de mexicanos atendidos por la Cruzada, pasó ya a el objetivo de llegar este año, a los más de cinco millones de beneficiados por el programa. Es obvio el impacto político que una medida de este tipo podría tener.
Y para nadie escapa el hecho de que el gran objetivo se tendría justo al terminar el año, unos meses antes de las elecciones federales.
Es así que las posiciones político electorales quedan clarificadas.
El gobierno, con el tropezón económico en la mano y con resultados poco contundentes en materia de seguridad, se enfocará al aspecto social, dándole a su programa estrella, un impulso mayor, en tanto los tiempos electorales lo permitan.
Sabedores del costo que al atorón financiero habrá de tener, en el gobierno desean poner en claro el beneficio del “orden financiero” que permite responder a los retos de la pobreza y a las necesidades de algo de cinco millones de mexicanos.
Sin embargo, la pregunta es obligada. ¿Alcanzará con ello para ganar las elecciones?
De alguna manera, con la decisión de dar un nuevo e importante impulso a la Cruzada Contra el Hambre, el gobierno acepta que el resto de los programas tardará más en dar los resultados esperados.
Así, se dedica a lo que tiene a la mano. Y la Cruzada es la carta más fuerte.
Por su parte, todo mundo entiende que las oposiciones, especialmente el PAN, parece estar preparado para utilizar los problemas económicos como el instrumento más importante de lo que sería su campaña electoral.
Es por demás sencillo imaginar a un PAN con una bancada importante en la próxima Legislatura. Y los temas a la mano arrancarían con el reforma fiscal, a la que el gobierno no quiere tocar en absoluto. Las apuestas son totalmente claras.
Los mensajes que llegan desde el exterior que ponen en claro como la confianza en inversión sufrió un revés en México al pasar del 9o al 12o sitio a nivel mundial, son claros. Y reafirman la idea de las oposiciones sobre la ruta que deben seguir para intentar vencer al PRI en las elecciones intermedias.
Y ante el hecho incuestionable de que salvo un milagro, la economía no logrará una recuperación importante en lo que resta del año, la apuesta oficial parece trasladarse al campo social, con la esperanza de que la Cruzada Contra el Hambre pueda compensar todo lo que el tropezón económico no habrá de dar.

