por Norberto DE AQUINO
El PRI en el Distrito Federal inició su proceso interno para renovar dirigencia. Y lo hace más con el ánimo de superar el escándalo heredado del accionar del exdirigente Cuauhtémoc Gutiérrez, que con la idea de crear una verdadera estructura política capaz de alcanzar la confianza de los capitalinos.
Enredado en sus propias trampas, sin liderazgo nacional real, si presencia en la capital de la República y con fuertes y evidentes divisiones en la ciudad, el PRI capitalino supone que con un proceso exprés, y por lo que parece ya decidido desde ahora, podrá no sólo resolver el tema del escándalo sexual del ahora exlíder, Cuauhtémoc Gutiérrez, sino que podrá lograr que los habitantes del Distrito Federal olviden lo sucedido,
De esta manera, los priístas dan en la capital del país, los pasos necesarios para realizar, este fin de semana, un proceso interno que parezca democrático para, una vez con una nueva dirigencia en la mano, dar paso al olvido de un problema que sacudió al priísmo en todo el país.
Pero la realidad podría ser muy distinta. El PRI en el DF requiere mucho más que aparentar que ha cambiado. En tanto los priístas no enfrenten su realidad política, especialmente en la ciudad de México, las cosas podrían resultar todo lo contrario a lo calculado.
Los priístas suponen que los habitantes del Distrito Federal no tienen memoria. Y esperan que no recuerden como es que fueron simplemente borrados del poder político en la ciudad.
Pero ello podría no ser posible.
El PRI en el Distrito Federal perdió todas las posiciones electorales en diputa con Roberto Campa como líder. El señor Campa encabezó la campaña de la catástrofe, con la figura del entonces recién asesinado, Luis Donaldo Colosio. Y la ciudadanía no le compró la farsa. La derrota fue absoluta.
Ese señor campa, fue más tarde, candidato a la Presidencia de la República por el PANAL. Y atacó al candidato del PRI con ilegalidades que Felipe Calderón no sancionó, debido obviamente, a que él fue el beneficiado por esa actitud.
Hoy Campa forma parte del gobierno de Enrique Peña Nieto. Y cualquiera puede entender que la fractura en el PRI aún existe.
En el caso del Distrito Federal, Beatriz Paredes fue dos veces candidata al gobierno. Y las dos ocasiones perdió. Pero la derrota, que estaba anticipada, sirvió para consolidar un poder político, sin fuerza para ocupar las piezas electorales, pero con peso para muchas otras cosas.
Cuauhtémoc Gutiérrez fue aliado de Marcelo Ebrard. Y cerró una relación política clara con Enrique Peña Nieto como gobernador del Estado de México. Gutiérrez y Paredes quedaron entonces, ubicados en trincheras opuestas. Y Gutiérrez simplemente trabajó en contra del PRI, con todo el apoyo del propio priísmo que se entendía con la parte del perredismo en el poder de la capital.
Ahora, se convoca para que el fin de semana se realice los registros de los aspirantes y en su caso, el domingo quede todo resuelto.
Pero todo mundo sabe que las cosas están ya negociadas. Gutiérrez fue obligado a dejar el cargo. Pero difícilmente se le obligará a dejar el poder. Así, el engaño, uno más, en el accionar de los priístas, está a la vista.
Tendrán una nueva dirigencia en el Distrito Federal en unos días más. Pero la estructura del poder será la misma. Lo mismo sucederá con las divisiones y fracturas. Nada cambiará.
Y ello sólo significa que los discursos de César Camacho desde la dirigencia nacional, no son más que parte de la larga serie de mentiras que el PRI tiene reservadas para intentar, de nueva cuenta, que los ciudadanos confíen en ellos y les entreguen el voto, y el poder. Con todo lo que ello significa.

