Por Norberto DE AQUINO
La política de las concertacesiones en su nueva versión, ha resultado en un verdadero tropiezo para el gobierno federal, en tanto que para los partidos de oposición, especialmente para el PAN, se ha convertido en un instrumento de conquista mucho más efectivo que el voto popular.
El tema de las reformas estructurales, la intención de acreditar la voluntad democrática del gobierno y la idea de que se puede ceder siempre a cambio de un objetivo mayor, han sido los factores que han puesto de rodillas al PRI, a la administración de Enrique Peña Nieto y le han dado a las oposiciones, una fuerza que los ciudadanos les negaron con el voto.
La reforma energética, objetivo fundamental del gobierno peñista, ha servido para que el PAN se convierta en el verdadero partido del poder, que no en el poder. El panismo impone condiciones, marca la agenda, se inconforma con lo recibido y exige más en cuanto el gobierno cede a las demandas hechas.
En estos momentos, el tema que al PAN le importa es el control de los partidos minoritarios. Los quiere simplemente eliminar del escenario.
Se impulsó y aprobó elevar el mínimo necesario para mantener el registro como partido, del 2% al 3% de la elección en la que se participe. Para los panistas no es suficiente. Quieren que los votos de los ciudadanos no tengan mas impacto que el que ellos dicen. Y buscan que en el caso de las coaliciones, los votos cuenten para el candidato de que se trate, pero no para los partidos.
Con ello, acabarían con la posibilidad de que los partidos coaligados alcancen el umbral para mantener el registro y, en el caso de lograrlo, no tengan más prerrogativas que las mínimas marcadas por la ley.
Por ello aprobaron en el Senado, en la ley electoral, el artículo 87 de la ley general de partidos políticos. Y por ello, otra vez en el Senado, se negaron a debatir lo aprobado en la Cámara de Diputados que modificaba el texto de los senadores, para mantener la idea de que los votos en el caso de una coalición, se “repartieran equitativamente” entre los partidos participantes.
El Senado, la Cámara en donde el PRI ha caído al triste papel de “mandadero” entre los partidos de oposición y el gobierno federal, se ha entrampado. Y los partidos minoritarios buscarán que la suprema Corte decida sobre una controversia en la que se planteará si contar los votos de los ciudadanos es parte de la democracia o no lo es.
El tema de la torpeza de los priístas en el Senado y de su incapacidad para enfrentar los retos políticos planteados es de sobra conocido.
Así, lo que parece existir es la necesidad política de vencer al PAN sin tener que llegar a una situación en la que la ciudadanía vea el fracaso.
Y la salida es la controversia. El argumento existe. Y la posibilidad de que la Corte declare inconstitucional la idea de no contar los votos es bastante grande.
De cualquier manera, lo que está a la vista es la facilidad con la que el gobierno federal puede ser chantajeado por el panismo. Resulta inaceptable, por decir lo menos, que el gobierno que dice impulsar las reformas estructurales que la urgen a la República, pueda ser detenido, presionado y chantajeado por el partido que fue colocado por la ciudadanía, como la tercera fuerza electoral.
Así, la corte puede evitar la ambición panista. Pero ello difícilmente resolverá la incógnita que poco a poco crece en el ambiente político: ¿qué es lo que el PAN tiene que le permite presionar al gobierno federal de la forma en que lo hace?

