norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

La designación de Mauricio López como líder del PRI en el DF no resuelve el problema político del partido tricolor en la capital del país, pero sí pone a la vista la confrontación que existe entre los dos poderosos grupos que existen en el centro del gobierno federal.

Mauricio López llega con todo el apoyo de la Secretaría de Gobernación. Y es claro que el proyecto político que se aplicará en la Ciudad de México va mucho más allá de los intereses puramente partidistas.

El PRI en el Distrito Federal tiene largos años fuera de las posiciones de poder. La gestión de Roberto Campa al frente del Revolucionario Institucional terminó en el más estrepitoso de los fracasos cuando fue incapaz de ganar una sola de las posiciones electorales en disputa.

La fractura interna en el PRI se ahondó ante la ausencia de un presidente de la República priísta. Y las ambiciones, lo sodios y los rencores, con los intereses por sobra todas las cosas, llevó al priísmo a la marginalidad política.

Ahora, la batalla por el futuro político convirtió al DF en una posición importante para los priístas. Y Miguel Angel Osorio Chong, titular de Gobernación y cabeza de uno de los dos grupos de poder dentro del gobierno, lo entendió a la perfección.

Una vez que estalló el escándalo por supuestas acciones de trata de blancas contra Cuauhtémoc Gutiérrez, la disputa por el control del PRI en la ciudad de México se desató.

Y la peor parte la llevó Aurelio Nuño, encargado de la oficina de la Presidencia, cuando aceptó jugar en todas las mesas políticas y no entender que la ausencia de logros simplemente lo debilitaba.

Nuño forma parte del grupo de Luis Videgaray, titular de Hacienda, y cabeza del segundo grupo de poder dentro del gobierno peñista.

Nuño fue mencionado como el hombre “capaz de llevar al PRI en la ciudad de México, a estadios importantes de respaldo popular”. Se le señaló como El “único capaz” de resolver la crisis del priísmo

en la ciudad capital.

Pero no sólo no llegó, sino que de pronto, había desaparecido de la mesa de las opciones y con ello, mostraba un mal manejo de las condiciones políticas y una absoluta falta de sensibilidad para entender el juego que se realizaba a su alrededor.

Con el triunfo en la mano, el equipo de gobernación se enfrenta ahora a la necesidad de demostrar capacidad política. Esto es, está obligado a ganar algo en la ciudad más importante de la República. A perder los enseñó Roberto Campa. ¿Puede el grupo del hidalguense enseñar a los priístas a ganar en la ciudad de México?

La situación no es complicada. Pero la realidad obligaría al PRI a una confrontación abierta con el gobierno de Miguel Angel Mancera. Y no se sabe a ciencia cierta si el gobierno federal quiere una batalla de ese tamaño.

Así, el señor Mauricio López deberá “parecer” un líder de oposición, pero podría ser obligado a no entrar en debates en los que el gobierno del DF resultara dañado.

Ello implicaría entonces, que el PRI ganó en una batalla interna, pero sólo para guardar las apariencias y evitar que otros grupos se fortalecieran.

Todo quedará claro en plazos muy cortos.

En el momento en que los priístas del DF levanten la voz para cuestionar los resultados del gobierno del señor Mancera en seguridad, vialidad, transporte y demás, entonces se verá que tan real es el triunfo del grupo de Miguel Angel Osorio Chong.

Si no hay cuestionamientos, todo lo que se buscó y se logró, fue dañar la imagen del grupo de Hacienda. Y nada más. Esto es, nunca se pensó en los priístas y menos aún, en los ciudadanos.