norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

La condena a Purificación Carpinteyro debe se unánime. Uno de los problemas más grandes en el país es la constante en la que los negocios desde el poder, en todos sus niveles, se realizan con toda impunidad, sin importar nada más que el beneficio de quienes participan del negocio.

Por ello, y con el ejemplo de una diputada abanderada por la izquierda, la condena tiene que ser absoluta y terminante. Pero ello no debe permitir que la otra cara del asunto quede sin tratarse. En el entendido de que no es algo novedoso.

La señora Carpinteyro fue sorprendida por medio de las famosas grabaciones. Esto es, por medio del espionaje. Y de nueva cuenta, este fenómeno se quiere dejar de lado, como si fuera algo “natural” o no fuera el primer paso hacia una ilegalidad que puede conducir al país a problemas mucho muy serios.

No es necesario remontarnos muchos años atrás en el tiempo para tener en la mente el tema del que estamos hablando.

A Felipe Calderón, como candidato presidencial, se le grabaron conversaciones con Elba Esther Gordillo. A la misma señora Gordillo se le hicieron varias grabaciones y de ellas surgió el material para un libro en el que se exhibían muchas cosas.

Gobernadores, diputados y senadores, han sido víctimas de este tipo de espionaje. Y en todos los casos, discursos aparte, la autoridad ha sido incapaz de encontrar a los responsables. Y se trata de un delito serio. Pero nada ha ocurrido.

Ahora, curiosamente, el tema de las grabaciones revienta en contra de una legisladora que ha sido un verdadero dolor de cabeza para el gobierno y para las televisoras en el tema de la reforma de telecomunicaciones.

Y es obvio que la señora Carpinteyro, en el mejor de los casos, está totalmente desacreditada para tomar parte no sólo en los debates del caso, sino siquiera para mantenerse como parte del Poder Legislativo.

Pero ¿ahí debe terminar todo?

Sería interesante conocer a los responsables del espionaje. Y saber por supuesto, desde cuándo y cómo se seguía a la señora Carpinteyro.

El problema de las grabaciones es la demostración más acabada de que el estado de derecho en México es sólo parte de los discursos oficiales. O si se quiere, es la mejor demostración de que los mexicanos no tenemos ni siquiera el derecho a que se respete nuestra privacidad. Cualquiera, en cualquier momento y de cualquier manera, puede ser “atrapado” en una posición que termine con la destrucción de una carrera, o en una “discreta forma” de cambiar actitudes y convicciones políticas.

Es cierto. Los políticos tienen que llevar un estilo de vida que les permita actuar de la misma manera en que demandan lo hagan sus rivales.

Pero sabemos que ello es algo que no existe.

Y ahora, la izquierda es la encargada de pagar su parte de la cuota. Y como efecto, aquellos que sentían que Purificación Carpinteyro se había convertido en una verdadera molestia, respiran tranquilos.

Pero quienes tienen que sentir temor, son todos los ciudadanos. A partir de ahora y sin que nadie pueda con seriedad, decir lo contrario, todos sabemos que somos blancos fáciles para quienes, con el equipo adecuado y la decisión necesaria, pueden “investigar” a cualquiera.

Y ello es un paso más hacia el control absoluto. Pero ¿control de quines y para qué?