norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

La historia es la misma. Las disculpas se encuentran en todas partes. Pero la verdad es que se “jugó como nunca y se perdió como siempre”. Y en tanto se debate la responsabilidad de la derrota en el fútbol, que por supuesto nadie quiere asumir, la pregunta obligada tendría que ser ¿ahora sí podremos enfrentar los problemas de fondo del país?

La selección mexicana, que no hizo nada que no se hubiera logrado antes y que como siempre, tiene miles de pretextos para el nuevo fracaso, sirvió para evitar la discusión de temas que a todos importan. Pero ahora, sin balón en la cancha, parece obligado entrar a temas como las leyes reglamentarias de las reformas estructurales, y de situaciones que se han querido mantener lejos de los reflectores, como son el preocupante aumento en los índices del secuestro, la mal disimulada violencia en Michoacán, y la tensión creciente en el sector financiero.

Como es costumbre, el gobierno aprovechó la euforia del Mundial para mantener lejos de la vista, los problemas que enfrenta el país. Y por ello le urgía que el equipo mexicano se mantuviera con vida en el torneo. Pero vencidos por Holanda, ahora es el gobierno el que tiene que enfrentar la realidad. Una realidad que además, se encontrará acompañada por la frustración.

En los días del fútbol, nos enteramos que el índice de los secuestros se ha elevado de manera alarmante. Las cifras dicen que en el país hay un secuestro cada tres horas. Algo que, se reconozca o no, coloca a los discursos oficiales en una posición insostenible.

Del mismo modo, el “pacificado Michoacán” registra un incremento en la violencia y se desata una lucha contra los exaliados del gobierno. Se detiene a líderes que en el pasado fueron protegidos por el gobierno. Y se les detiene por el delito de portación de armas de uso exclusivo del ejército. Lo mismo que hacen otros grupos, pero estos sí, aliados del régimen. La negociación de la ley a plena luz, sin que el gobierno note sus muchas contradicciones.

Al mismo tiempo, el Congreso se prepara para debatir el tema de la reglamentación de la reforma en Telecomunicaciones. Y en el entorno se escenifica una dura batalla entre los grupos interesados.

Hay grabaciones para atacar a críticos de los monopolios. Y el esto guarda silencio y no investiga nada. Hay amenazas y presiones. Y queda en el vacío el discurso del presidente Enrique Peña Nieto en el que se anunciaba la lucha “contra los grupos fácticos” que, curiosamente son los mismos que dejan sentir su poder y sus instrumentos de presión para no resultar lesionados en sus intereses con la nueva legislación.

Pero quizá todo lo anterior podría quedar resumido en el enorme esfuerzo realizado por el gobierno para dar a conocer el apoyo del FMI a la estrategia financiera que se ha puesto en marcha.

Foros de gran nivel. Elogios de las mas altas autoridades financieras del mundo para la Secretaría de hacienda. Anuncios cargados de buenas noticias para el futuro que, luminoso, le espera al país.

No obstante, nada para el presente. Nada de explicaciones sobre las razones que nos han llevado a mantener el mediocre ritmo de crecimiento. O para al menos, explicar los motivos por los cuales no se han cumplido las promesas hechas a los ciudadanos en la campaña presidencial.

El futuro, como en el caso del equipo mexicano de fútbol, es prometedor. Habrá victorias más adelante. Sólo hay que mantener el trabajo. Hay que seguir por la ruta señalada.

El problema es que al país, como al equipo de fútbol, ese es un futuro que se le anuncia una y otra vez. Y como a la elección, siempre sucede lo mismo. Se “juega como nunca y se pierde como siempre”.

Y los datos de la economía dicen que el resultado es el mismo de siempre. Y con ello, difícilmente se lograrán otro tipo de avances. Al menos en el corto plazo.