Por Norberto DE AQUINO
Poco a poco, el problema de la creciente inseguridad en el Distrito Federal se convierte en una pesadilla para los capitalinos. Y en angustia para el gobierno de Miguel Angel Mancera que simplemente, no puede enfrentar el reto planteado por la delincuencia.
A diez años de la gran marcha realizada en el régimen de Andrés Manuel López Obrador para demandar seguridad, las autoridades de la capital no sólo no han mejorado la situación, sino que ahora enfrentan el riesgo del surgimiento de los grupos conocidos como autodefensas.
Por el momento, la violencia en la ciudad de México se ha quedado fuera de los espacios informativos. Y los que se conocen son ubicados en el rango de la “violencia normal” en una ciudad como el Distrito Federal.
Pero en lo privado, los comentarios resultan alarmantes. Los ciudadanos han iniciado acciones de defensa que más que nada son, por el momento, acciones tipo “vengadores” en los que, de una u otra manera, se busca eliminar a los delincuentes.
Para el gobierno del señor Mancera la situación se complica sobre manera por la simple y sencilla razón de que, más allá de los discursos, las instituciones encargadas de la seguridad de los ciudadanos han sido penetradas por las organizaciones.
Esto significa que el combate a la delincuencia en la ciudad capital enfrenta, primero, la incapacidad del gobierno y después, la corrupción de quienes tienen que proteger y capturar a los delincuentes.
El panorama es aún más serio si se entiende que, a pesar de las muchas señales sobre la magnitud del problema, el gobierno mancerista parece no sólo no entender el problema, sino que se dedica a crear mayor tensión entre los ciudadanos y las autoridades.
Así, los problemas ocasionados por la corrupción en la Línea 12 del Metro y la forma en que se ha querido evitar aplicar sanciones a los responsables, en tanto los usuarios son las víctimas reales del hecho, acaban con la confianza en el gobierno.
Del mismo modo, justo en el momento en que las señales sobre la aparición de los “vengadores” o “vigilantes” si se prefiere, se consolidan, el gobierno del señor Mancera decidió endurecer el programa “Hoy no circula”, sin atender las protestas de los afectados o los avisos sobre los posibles problemas que se crearán lanzados por los expertos.
La realidad es que el Distrito Federal se ha convertido en un polvorín, sin que las autoridades hayan entendido lo que sucede en la vida de los ciudadanos.
El tema de las autodefensas no fue manejado con eficacia por el gobierno federal en Michoacán. Y los resultados alcanzados, si es que los hay, penden de un frágil equilibrio entre las muchas fuerzas estatales, lo que podría generar un conflicto mayor al que se quiso enfrentar.
La situación en el Distrito Federal podría resultar muy parecida.
El gobierno capitalino supone que con no hablar del tema, el problema habrá de resolverse al paso del tiempo. Pero esa apuesta podría perderse con demasiada facilidad y muy rápido.
La incapacidad y la corrupción son apenas parte del problema. El cansancio de los ciudadanos es sólo parte de los efectos.
Si las medidas para resolver el problema no se aplican con rapidez y de manera efectiva, pudiera ser que la capital de la República viviera uno de sus momentos más riesgosos en mucho tiempo. Y justo antes de un proceso electoral muy importante como serán las elecciones federales del año próximo.
Las autodefensas y las medidas aplicadas para “controlarlas” no son un buen ejemplo. Y los efectos serán para el gobierno, costosos. Y lo mismo podría suceder en el Distrito Federal.

