norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Para el presidente Enrique Peña Nieto la aprobación de la reforma en telecomunicaciones se reflejará, en poco tiempo, en el bolsillo de los mexicanos. Y con ello, el titular del Ejecutivo quiere decir que esta nueva normatividad será de gran beneficio para los ciudadanos.

Y por supuesto, tiene parte de razón. Habrá, o se supone que habrá, mayor competencia, en telefonía lo que tendrá un beneficio en la calidad de los servicios. Y habrá larga distancia sin costo, lo que, no se puede negar, también tendrá un alto impacto en favor de quienes utilizan el servicio.

Pero, ¿en verdad esa es la parte importante de la reforma en telecomunicaciones? ¿Dichos beneficios y otros que puedan señalarse, no se pudieron implementar simplemente en base a las funciones de la autoridad?

El presidente de la República se encuentra de buen humor. Una de las reformas que mayor costo político implicó para el gobierno ha sido puesto en marcha. Y para que todos sientan que se trata de algo bueno, se habla de los beneficios en el bolsillo de los ciudadanos.

Hasta ahí, poco podría debatirse el asunto sin tener que ir al terreno técnico, en el que pocos pueden dar una pelea realmente seria.

Sin embargo, ese no es el punto. Lo importante es determinar ¿cómo es que el presidente festeja un logró así y al mismo tiempo, evita habla de cuestiones como el salario, el empleo o la seguridad que, como reto de los ciudadanos, implica elevados costos en el bolsillo de los mexicanos?

Por muchos que puedan ser, no parece importante en el esquema del presupuesto familiar, el que se cobre o no una llamada de larga distancia. Claro que hay que controlar los abusos y, si se puede, anular los costos. ¿Pero ello implica realmente un ahorro importante para la mayoría de los mexicanos? ¿Hablar a larga distancia sin costo es un paso en la solución de los retos económicos de los mexicanos?

Mejorar el servicio y alentar la competencia pueden ser logros. Pero al igual que en el caso anterior la pregunta no es a partir de cuándo ello sucederá, sino ¿debido a qué esto no se aplicó desde antes?

Para el presidente de la República la reforma es un avance. Y puede ser que lo sea. Pero de nueva cuenta, lo importante sería saber las causas por las cuales hay un evidente vencido y un evidente vencedor. ¿El estado no puede controlar un mercado tan importante sin tener que entregar a una de las partes la ventaja en las operaciones?

Al mismo tiempo, el festejo presidencial no alcanza a ocultar el rezago que existe en otros campos en los que, curiosamente, se hicieron grandes promesas en campaña y a dos años de la elección, poco se ha logrado para hacerlas realidad.

El bolsillo de los mexicanos, al menos el de las grandes mayorías, puede agradecer el menor costo en telefonía y la mejoría en el servicio, sí es que se da. Pero en la practica, el bolsillo de la gran parte de los mexicanos enfrenta el reto de la realidad. El dinero no alcanza. No hay trabajo. Y el que se encuentra es mal pagado.

Se pueden encontrar razones para demostrar que la reforma en telecomunicaciones es un avance. Pero difícilmente se podrá convencer a los mexicanos, a las mayorías, de que con ella tendrán un beneficio en sus bolsillos.

La economía se encuentra entrampada. El sector privado no invierte. Y el dinero del exterior, el que tanto se prometió, no llega en los tiempos que se esperaba.

Así, vender el que la larga distancia será dentro de seis meses, algo gratuito, parece insuficiente.

Especialmente cuando ese beneficio será para quienes utilicen el servicio. Y las grandes mayorías no lo hacen. Y ello quiere decir que sus bolsillos tendrán que esperar algo más, pare recibir algún beneficio. Si es que llega