norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Los plazos se cumplen. Y la ruta de las reformas estructurales está a punto de entrar en su tramo final con el debate en torno al paquete energético que, en esta semana, tendrá momentos críticos en el Senado de la República.

A casi dos años de iniciado el actual gobierno, las promesas hechas en torno a los grandes cambios que se promueven para el país tendrán ya, su punto de partida. Y los resultados serán el reto siguiente.

Cabe recordar que desde el inicio de la administración federal, vía el Pacto por México, la línea en pos de las reformas quedó sellada. Y que, con grandes problemas y enormes chantajes por parte de la oposición, especialmente del PAN, se avanzó a pesar de que los logros no tuvieron un impacto directo en el ánimo y bolsillo de los ciudadanos.

El Pacto pro México permitió tener los acuerdos necesarios para la primera tanda de los cambios.

Así, la reforma educativa entró en escena y con grandes dificultades, se aprobó. Pero a la hora de ponerla en marcha, han sido muchos los obstáculos y aún ahora, resulta difícil hablar de éxitos claros. El cambio está hecho. Pero los beneficios habrán de tardar por lo que puede observarse.

Siguió el turno de la reforma laboral. Cambios de todo tipo. Discursos en favor. Felicidad en los patrones y molestias entre los trabajadores. Todo listo y aprobado. Pero como en el caso anterior, los beneficios anunciados no llegaron por ningún lado. Y ahora, se habla de varios años para tener las metas al alcance de la mano.

Llegó el turno de la reforma fiscal. Aquella que junto a los dos anteriores, le daría al país un aumento importante en el crecimiento del PIB. Las reformas se dijo, nos llevarían a tener un poco más de cuatro puntos más en el PIB, lo cual por supuesto, hacía de las reformas algo apetecible.

Pero la reforma fiscal se convirtió en un problema muy serio. El sector privado simple y llanamente se negó a participar en la nueva estrategia. Se mostró totalmente reacia al cambio y a lo largo de este año se ha negado a invertir más allá de lo estrictamente necesario. La reforma fue un problema, por

más que se anunció como una solución.

El empleo y el salario, por más que se prometieron muchas cosas, simplemente no mejoraron. Y las inversiones foráneas permanecieron en espera de la reforma energética. Total, nada de lo prometido, como no fueran los discursos.

Ahora, en el Senado de la República está a punto de iniciar el debate energético. Y como es costumbre en la Cámara Alta, las cosas no parecen estar bajo control. Emilio Zamboa Patrón no parece tener el control que se requiere para conducir un debate de esta naturaleza. Y se espera que, como ha sido costumbre en todos los grandes debates, las negociaciones se realicen fuera del ámbito senatorial para poder garantizar el logro de los proyectos.

Habrá un período extraordinario de sesiones para el tema. Y no será sencillo de realizar. Los senadores tendrán que aprobar un buen número de cambios y después, esperar que los diputados aprueben lo que ellos envíen y además, la parte fiscal del proyecto presidencial.

Después, todo, regresará al Senado para recibir el respaldo final.

Pero lo que en agenda parece sencillo, en la práctica no lo es tanto.

El debate, por más que se quiera negar, no termina. La parte político histórica está abierta. Y los argumentos oficiales no parecen suficientes para resolver el problema

Para apoyar la reforma constitucional respectiva, se prometió que el precio de las gasolinas bajaría y que las tarifas de luz seguirían ese camino. Hoy se niega lo prometido. Y a cambio se habla de expropiar tierras para favorecer a los inversionistas.

Queda el debate sobre el daño ecológico provocado por la explotación del gas y el hecho de que el gobierno ha perdido mucho terreno en lo que a la aceptación se refiere.

Así, la semana que inicia podría no ser lo que muchos esperan. Y si bien parece claro que la aprobación se logrará, queda por saber cuáles serán los efectos secundarios y hasta dónde podrían llegar.