Por Norberto DE AQUINO
Las encuestas hablan de una caída en los niveles de aceptación del Presidente de la República. Y ante ello, el titular del Ejecutivo Federal parece estar decidido a resolver el problema con un activismo claro y con mensajes que atraigan a la sociedad. El problema sin embargo, es que esos mensajes podrían no resultar como se tiene pensado.
El presidente Enrique Peña Nieto ha tomado parte en el juego de las palabras. Y lo hace con habilidad, pero no siempre con el impacto deseado.
Y bastaría un par de ejemplos para entender el problema y la magnitud de los riesgos que se corren con esta estrategia.
Hace un par de días, con un despliegue que no dejó de llamar la atención, el presidente recibió en Palacio Nacional, al secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pietro Parolin. Lo hizo con un evento digno de un jefe de estado y con una demostración de la importancia que para el gobierno mexicano tenía la visita, que no pudo pasar desapercibida.
Pero el punto clave no fue ese. El discurso presidencial habló de que “los mexicanos ansían” tener la visita del Papa, en plazos “relativamente cortos” para poner de manifiesto su afecto para el líder de la iglesia católica.
Y el mensaje puede ser todo lo que se quiera. Pero difícilmente refleja la realidad.
Es posible que la “mayoría” de los mexicanos quiera esa visita. Es incuestionable que “todos loe mexicanos católicos” la ansíen. Pero también es incuestionable que hay muchos, muchos en verdad, mexicanos a los que la posible visita simple y sencillamente no les dice nada. Y menos les importa.
De esta manera, el presidente Peña parece haber buscado un doble efecto. Hacia el Vaticano, con una afirmación halagador, y hacia el interior para acarrear la simpatía de todos los católicos, en un momento en el que la popularidad presidencial se encuentra a la baja.
“todos los mexicanos” es algo que, se quiera aceptar o no, se encuentra fuera de la realidad.
Al mismo tiempo, el primer mandatario abre la puerta para preguntar ¿qué otras cosas cosas ansían los mexicanos?
Y se podría responder, por ejemplo, seguridad. O empleo. Quizá salarios realmente remuneradores. O un real crecimiento del país, tal y como se prometió en campaña. Y en estos casos, tal vez se podría hablar de “todos los mexicanos”. En el peor de los casos, de muchos más que aquellos que “ansían” la visita papal.
Y el otro tema, frívolo, pero ejemplificador, es el relacionado con el equipo que representó a México en el finalizado mundial de fútbol.
El presidente se sumó a la campaña que pretende hacer creer al país, que ese equipo fue el mejor de toda la historia y que tendría que haber llegado más lejos si no se hubiera atravesado un árbitro incompetente.
La realidad nos dice, y es lo que la campaña en favor de ese equipo quiere ocultar, que el juego en contra de Holanda, se perdió por la torpeza del entrenador. Los cambios realizados llevaron al desastre. Pero como hay que evitar las críticas en contra de las televisoras, entonces se culpa al árbitro.
Y como las encuestas dicen que la baja en la imagen presidencial se mantiene, entonces hay que “ganarse” a los mexicanos. Y nada mejor que “defender” al “mejor equipo” que ha representado a México en un mundial.
En ambos casos, el presidente se equivoca. La visita papal puede ser muy importante. Pero no lo es para “todos los mexicanos”. Y el mundial se acabó para el equipo mexicano al momento en que el pánico se apoderó del entrenador y dio paso a las torpezas y los errores, mismos que con insultos, intentos de golpes y una feroz campaña de televisión se quiere ocultar.
Así las cosas, el mensaje presidencial parece destinado más a mejorar una imagen que a reflejar la realidad. Y ello no es una receta que presagie buenos resultados.

