norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

La reforma energética está prácticamente aprobada. Queda aún el paso por la Cámara de Diputados, pero no se esperan mayores dificultades. Queda ahora, seguramente a partir del II Informe de Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, la conquista de los resultados prometidos.

La semana próxima, los diputados darán el visto bueno al enorme paquete de leyes reglamentarias de la citada reforma energética. Y quedará para unos días más adelante, el paso final en el Congreso, que será la revisión en el Senado del paquete completo, que incluirá la parte fiscal, exclusiva de los diputados.

Apenas a tiempo para que el 1o de septiembre próximo, el presidente anuncie a la Nación que todo está listo para “mover a México” y que tendremos que prepararnos para recibir las muchas inversiones que las reformas estructurales habrán de promover.

Pero habrá que tener cuidado. Poco a poco, conforme los tiempos se han vencido, se ha visto que las reformas aprobadas no son, o no han sido hasta el momento, todo lo que se dijo que serían.

Así, en lo educativo los problemas se mantienen vigentes, reforma o no, y hay entidades en las que los discursos oficiales simplemente no pueden modificar la realidad que no es otra, que la de todos conocida, con los maestros en control total de la situación.

Otro tanto sucede con la reforma laboral, misma que, puestos en el olvido los muchos discursos en los que se prometieron grandes transformaciones, poco o nada ha mejorado la situación laboral en el país.

De la reforma fiscal hay poco que mencionar. Los problemas están a la vista y la economía se encuentra prácticamente paralizada, por más anuncios de inversiones que se realicen.

En el caso de la reforma en telecomunicaciones, corren ya las versiones sobre beneficios que se verán “algo más adelante”, dejando al tema de la desaparición de los costos en las llamadas de larga distancia, como lo único tangible para la primera parte del año próximo.

Pero como la reforma energética es la “joya de la corona” en el proyecto presidencial, habría que esperar que fuera en este punto en donde las cosas salieran no sólo bien y rápido, sino de una manera tan importante, que nadie dudara del futuro del país.

Los discursos sin embargo han cambiado. No habrá tarifas bajas en energía. No habrá la cantidad de inversiones prometidas en el corto plazo. No habrá la creación inmediata de empleos en la medida en que se hizo creer a los mexicanos.

Y sí en cambio, habrá un nuevo, largo y muy difícil tema en relación al famoso “fraking”, que no es otra cosa que el método de explotación del gas, vía la utilización del agua y algunos químicos.

Este debate, con el asunto de la contaminación del medio ambiente en el centro, pondrá a las partes en pugna en alerta. En Estados Unidos se realiza un debate de este tipo y no todo lo que dicen los que quieren impulsar la explotación del gas, es cierto, como tampoco la otra parte deja de decir cosas que no son totalmente ciertas.

Pero como se han dicho tantas mentiras en torno a las reformas y como muchas de las promesas que se hicieron para lograr las modificaciones constitucionales ahora se han cambiado por señales más cercanas a la realidad, pero lejanas a los compromisos iniciales, habrá que tener cuidado con lo que se dice y con lo que se hace.

De cualquier manera, el presidente Peña Nieto tendrá en la mano las reformas que tanto deseaba para presentarlas al país en su II Informe de Gobierno.

Sin embargo, lo que en realidad habrá logrado es poner fin a los escollos para contar con las leyes. Lo que le obliga a lograr todas las promesas hechas. Algo que por supuesto, no será tan sencillo de alcanzar.