Por Norberto DE AQUINO
En algo que parece ser más el inicio de las actividades políticas para la elección del año próximo, el presidente Enrique Peña Nieto anunció que en su gobierno, se llegará al “hambre cero”, como resultado de las políticas de su administración.
En Nayarit, el primer mandatario se refirió a las tarjetas que se entregan a los mexicanos de menores recursos con las que se pueden adquirir a precios muy bajos, artículos de primera necesidad. Y habló también de los comedores que se han puesto en marcha en diversas partes del país.
Por supuesto, el eje de todo esto es la llamada Cruzada Contra el hambre que, desde el inicio de la actual administración se convirtió en una de las grandes banderas del gobierno.
Y todo esto tiene que aplaudirse. Nadie en su sano juicio, podría negarse a reconocer el esfuerzo y la importancia del programa.
Pero al mismo tiempo, nadie en su sano juicio podría pensar que con esto se resolverá el muy serio problema del hambre en nuestro país.
Una cosa es dar de comer y otra muy diferente, que los mexicanos tengan la oportunidad, vía el trabajo y el salario, de poder dar alimento a sus familias.
La primera parte, discursos a un lado, no es más que una forma de paternalismo. Necesaria y valiosa de muchas maneras, pero no una solución real al problema. La segunda sería, sin duda, el camino adecuado para fortalecer mercado interno, economía y sociedad.
Pero el presidente Peña Nieto parece encaminarse a las actividades que tanto le gustan y que tienen que ver con la actividad político electoral.
Claro está que ya no es candidato. Ni lo será el año próximo. Pero del mismo modo, no puede olvidarse que las elecciones intermedias serán, como lo son siempre, un termómetro sobre los resultados del gobierno en turno.
Las elecciones del 2015 será el examen para el gobierno peñista. Servirán para medir la forma en que la sociedad percibe al gobierno. Las promesas no cumplidas, los resultados alcanzados, en el caso de que existan, la seguridad y la fortaleza económica, serán evaluados.
Ante ello, y como no todo es color de rosa en lo que a resultados se refiere, el gobierno podría estar dando los primeros pasos rumbo a la creación de una imagen de éxitos y conquistas que no tendrían más objetivo que el de alcanzar apoyos en las urnas.
Así, se han presentado las cifras sobre la violencia y la inseguridad. Y a pesar de que hay aún números preocupantes, la forma en que se han dado a conocer pretende hacer creer que se han logrado importantes avances.
Dicho de otra manera. Las cifras se convierten en positivas, a pesar de los muchos hechos violentos. Se lanza la idea de una baja importante en los índices, dejando a un lado la promesa de que en un año, se tendrían logros destacados. Estamos a poco más de año y medio de iniciado el sexenio. Y los avances están lejos de ser algo digno de presumirse.
Es el caso por supuesto, de las políticas asistenciales.
No hay trabajo en la medida en que se prometió. Los ingresos no han recibido el impulso anunciado.
Ante ello, simplemente se habla de alcanzar la meta del “hambre cero”, pero no se dice que ello le costará a los mexicanos que sí pagan impuestos, ya que el gobierno no ha logrado impulsar la creación de empleos en la medida en que se prometió en campaña.
En fin, a punto de que el paquete de las reformas estructurales esté completo y en funciones, el gobierno quiere aprovechar el tiempo. Y se prepara desde ya, para crear el ambiente adecuado que arrancará con el II Informe de Gobierno y que culminará en las elecciones de julio del año próximo.

