norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Las buenas intenciones del gobierno federal se enfrentan de nueva cuenta, con la realidad. Y los intentos de la administración de Enrique Peña para convencer a la sociedad de los grandes avances del país, chocan con los datos que demuestran que el discurso oficial nada tiene que ver con el diario acontecer de los mexicanos.

Así, el gobierno decidió dar énfasis a las buenas noticias con la mira puesta en el II Informe de gobierno. Y se lanzó de lleno a elogiar los avances de la Cruzada Contra el Hambre, a señalar que las cifras sobre la violencia van a la baja, a recibir mexicanos deportados de Estados Unidos y a prometer un horizonte más amplia para cuando las reformas, prácticamente lista, dejen sentir sus frutos.

Pero la terca realidad ha respondido. Y lo ha hecho de una manera clara y contundente.

Así, el FMI lanzó las malas noticias para el sector financiero. De acuerdo con el Fondo, el crecimiento de México para este año tendrá que ser recalculado. Y por supuesto a la baja. Dejaremos de lado el 3% anunciado, para dar cabida a un nada alentador 2.4%. No debe perderse de vista que el pronóstico inicial del gobierno fue el de un 3.9%. Claro está, el FMI anuncia que con las reformas, el país mejorará. Y ello se verá “dentro de unos años”

Mientras llega la bonanza, habrá que buscar la respuesta en un lugar diferente al de los discursos oficiales.

La Cruzada Contra el Hambre presume algunos miles de beneficiados. Pero con ese anuncio, lo que en realidad nos anuncia es que la mayor parte de los mexicanos con necesidad, tendrán que esperar algo más, antes de que el “hambre cero” les ayude a enfrentar sus problemas de alimento. Total, resultados limitados.

Pero el punto crítico podría encontrarse en el terreno de la seguridad. Fue en este punto en el que el PRI y su candidato presidencial, soportaron buena parte de sus críticas a los gobiernos del PAN, especialmente al de Felipe Calderón.

Una y otra vez, hablaron de la incapacidad del gobierno. Lo cual difícilmente se podría contradecir. Cuestionaron la “guerra” iniciada en contra de los cárteles de la droga. Y no perdieron oportunidad para resaltar la cantidad de muertos derivados de la ola de violencia que ahogaba al país.

Ahora, con la cifras del momento, el gobierno se ufana y anuncia que la violencia tiende a la baja. Si en el 2012 se registraron algo más de 25 mil muertes violentas, para el 2013 la cifra disminuyó a poco más de 22 mil asesinatos.

Pero en la forma de medir se encuentra o podría encontrarse la forma de “bajar” el número de muertos.

Si en los primeros 19 meses de gobierno de Enrique Peña Nieto se registraron algo más de 55 mil homicidios, en el mismo lapso del gobierno de Felipe Calderón el resultado fue de poco más de 41 mil muertes. Una diferencia nada pequeña.

En el mismo tiempo de gobierno, en la administración del panista hubo 873 secuestros, en tanto que en el gobierno actual la cifra se disparó por arriba de los 2,500.

En todo caso, y sin las comparaciones que de una u otra manera se pueden realizar, el problema es que la violencia está lejos de haberse solucionado. Extorsiones, secuestros, violencia e incapacidad de las autoridades son el pan de cada día.

Y bastaría con el asesinato de José Fontanet, subdirector de Finanzas del gobierno capitalino, de manera que parece fue una ejecución, para poner en claro el nivel de violencia, inseguridad e impunidad que existe en el país.

El gobierno intentó crear el ambiente para el II Informe de Gobierno. Pero la realidad, cruel y contundente, parece reclamar también su parte en ese evento.