Por Norberto DE AQUINO
La tormenta política en Puebla se ha convertido en una crisis total del gobierno de Rafael Moreno Valle. Tras el fallido intento por criminalizar a las víctimas y ante el hecho innegable de que nadie le cree, el mandatario poblano se bata en retirada, en espera de que el tiempo pueda ayudarle a no tener que dejar el poder.
Pero si Moreno Valle es la primera víctima política de la represión en San Bernardino Chalchihuapan que le costó la vista a Alberto Tehuatlie Tamayo, y su procurador y su jefe de policía están en el filo de la navaja, es claro que no pueden olvidarse los efectos colaterales de todo este problema.
Al momento en el que Moreno Valle decidió dar marcha atrás en la famosa “Ley Bala”, todo el intento por llevar la iniciativa en la crisis, se vino por tierra. Reconocer que se había cometido un error con ese proyecto, fue suficiente para verse obligado a pasar a la defensiva.
Identificadas las bajas políticas de todo esto, se tiene que atender a los beneficiarios. Y no hay nadie más importante que Gustavo Madero, líder del PAN.
Primero, debe recordarse que el gobierno de Puebla no pasaba de ser la plataforma sobre la que Moreno Valle tenía proyectado construir su plataforma política para alcanzar la candidatura presidencial del PAN para el 2018.
Así, es claro que el damnificado sería Madero, quien a pesar de su victoria dentro del PAN, tenía un enorme trecho por recorrer antes de poder ser un real competidor por la nominación presidencial. Y la ventaja del gobernador poblano parecía ser insalvable.
Pero registrados los hechos en Chalchihuapan, las cosas cambiaron radicalmente. Moreno Valle perdió toda la ventaja en un sólo golpe. Y de pronto, no sólo veía desaparecer de sus manos una posible candidatura presidencial, sino que enfrentaba una crisis que podría derribarlo del poder estatal.
Gustavo Madero que había ya declarado que “se veía en Los Pinos” tenía entonces, la ventaja. Y se
daba el lujo de brindar “apoyo” el gobernador en crisis.
El primer efecto colateral se registra entonces, en el PAN. Moreno Valle pierde posibilidades y las gana Madero.
Pero con ello, inmediatamente se tiene que encontrar el complemento.
No puede dejarse de lado el hecho de que Enrique Peña Nieto ha mantenido una relación política clara con Rafael Moreno Valle. Y no se olvida la idea de que para el mandatario federal, la idea de que el gobernador de Puebla fuera en su momento, el abanderado del PAN no parecía disgustarle. Tanto como sucedía con Miguel Angel Mancera en el DF, en lo que muchos consideraron la candidatura de izquierda que le gustaría a Los Pinos.
De esta manera, la caída de Moreno Valle pasaría a ser un triunfo de los panistas. Y parte de esa victoria sería el recuperar el control de las decisiones futuras del partido. Al menos por el momento.
Madero puede ahora presumir que no sólo se apoderó contra todos los pronósticos, del control del PAN, sino que venció por un lado a Felipe Calderón y, por el otro eliminó la posibilidad de que el gobierno pudiera intervenir a favor de uno de los aspirantes presidenciales.
Esto es, si Madero no puede conquistar la candidatura presidencial, habrá impedido que sea el gobierno federal el que pueda imponer o ayudar a ello, a un candidato.
La crisis en Puebla tiene víctimas evidentes, pero también efectos colaterales muy importantes y sobre los que poca atención se ha puesto.
Y la crisis aún no termina.

