Por Norberto DE AQUINO
Tal vez no como lo había planeado, pero Miguel Angel Mancera, titular del gobierno del Distrito Federal, entró ya, al debate en torno al salario mínimo. Y las primeras escaramuzas le mostraron que una cosa es la demagogia y otra, muy diferente, la realidad.
En el foro internacional “salarios Mínimos, Empleo, Desigualdad y Crecimiento Económico”, el jefe del gobierno capitalino habló de la bandera que ha presentado como gran plataforma política de su administración en el DF.
Y no perdió el tiempo. Utilizó las cifras que todos conocen, pero pocos enfrentan. Recordó que el salario en México ha perdido el 77% de su poder adquisitivo en 35 años y que ello es una situación que debe controlarse.
El señor Mancera defendió su postura en favor de la revisión del salario mínimo y si bien lo hizo con otras palabras, se mantuvo en la idea de que en el DF habrá que elevar el nivel de ese salario a por lo menos, cien pesos por día.
Pero en esta ocasión Mancera no viajaba sólo. Tenía compañeros de aventura entre los que se encontraba el subsecretario del Trabajo, Rafael Avante.
Las respuestas fueron amables, pero contundentes. Y el funcionario estaba preparado para responder a los planteamientos políticos, a sabiendas de que Mancera tendría problemas con las ideas económicas.
Para el representante de la Secretaría del Trabajo la situación es simple. El salario no puede subir por decreto. Hacerlo así, afectaría las variables económicas. Y el impacto podría ser muy peligroso en campos como la inflación y la carestía.
Avante recordó que la ruta para tener salarios adecuados pasa, necesariamente, por el aumento en la productividad. Y ello, por supuesto, quiere decir mayor número de empleos y por ende, del fortalecimiento del mercado interno. Esto es, capacidad de compra y competitividad en la oferta.
Esta es apenas la primera parte de la lucha que se avecina y que, por supuesto, será parte de la contienda electoral que culminará el año próximo con la renovación de 9 gubernaturas, un buen número de Congresos estatales y de la Asamblea del DF y de la Cámara de Diputados.
Y puede adivinarse una discusión fuerte.
Se hablará del nacimiento de la comisión de los salarios mínimos, de la transformación del gobierno que pasó de ser el árbitro en el debate entre patrones y trabajadores a convertirse en el abogado de los hombres del dinero, y de la idea, no por todos compartida por supuesto, de que el salario es inflacionario.
Las ideas del debate están ya, a la vista. Y no pasará mucho antes de que la segunda parte de la discusión se registre.
Por el momento, Miguel Angel Mancera defendió su postura. Y presentó argumentos más de corte político que económico.
Y el gobierno federal, vía la Secretaría del Trabajo, caminó justo en la vía contraria. Esto es, con argumentos económicos y los riesgos de una posible mala decisión, dejando de lado las posiciones de corte partidista.
Pero ninguna de las partes parece estar dispuesta a ceder. Después de todo, hablar de aumentos en el salarios siempre ha sido productivo en lo político, especialmente en momentos electorales.
Falta saber si el argumento económico es lo bastante sólido como para convencer a los trabajadores de que a final de cuentas, el remedio puede resultar peor que la enfermedad.

