norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Hace apenas unos meses, Gustavo Madero aparecía como el más poderoso panista. Había logrado controlar el daño causado por la derrota electoral que le costó a su partido no sólo perder la Presidencia de la República, sino caer al tercer sitio en la preferencia ciudadana. Y hace unas semanas, se había convertido en la carta más importante de su partido con miras al 2018, ante la catástrofe política sufrida por Rafael Moreno Valle en Puebla.

Hoy sin embargo, Gustavo Madero aparece como un líder sin futuro, sin control de su partido y con la urgente necesidad de encontrar una ruta que le permita, en un año más, poder realmente luchar por imponer a un nuevo presidente en el PAN.

La crisis que se vive en el seno de Acción Nacional está lejos de ser fácil de resolver. Y por el momento poco importa el quién o el cómo es que los videos de la fiesta en Puerto Vallarta se hicieron públicos. Lo que se quiere es saber el cómo puede detenerse la debacle.

Para Gustavo Madero es obvio que la crisis es total. Sus decisiones como presidente de Acción Nacional no dieron resultado. Sus “líderes” en el Congreso han resultado, en el mejor de los casos, una ofensa en contra de diputados y senadores, cuando no un insulto a todo el panismo.

Su afán por destruir al grupo político de Felipe Calderón y al mismo tiempo, aparecer como aliado confiable del gobierno de Enrique Peña Nieto, resultó en una larga serie de tropiezos políticos que le costarán y mucho, a su partido.

Justo en el momento en que la crisis política en Puebla le costaba a Rafael Moreno Valle prácticamente la pérdida de posibilidades para convertirse en candidato presidencial panista en el 2018, en lo que parecía un momento afortunado para las ambiciones políticas de Madero, quien llegó a decir que se “veía en Los Pinos”, la aparición del video que en los últimos días ha sacudido desde sus cimientos al PAN, le coloca como una pieza debilitada que deberá pensar más en resistir la caída que en alcanzar nuevas conquistas.

El video de los diputados panistas en una fiesta particular pone a Madero como un dirigente político que no sabe quienes son sus colaboradores. Y si lo sabe, que no le importa otra cosa que la conquista del poder, por el poder mismo.

Cuando Madero ganó la elección interna en el PAN, decidió aislar a sus rivales. No intentó en ningún momento, una conciliación con los vencidos. Buscó incluso, humillarlos. Quería que se sintiera quien tenía el poder. No cedería posiciones y estaba listo para dirigir al panismo hasta el próxima contienda electoral en la que la Presidencia estuviera en juego.

Lleno de soberbia, no entendió la realidad. No quería ver que, una vez aprobadas las reformas estructurales, el PAN sería para el gobierno más un enemigo que un aliado.

Nunca comprendió que los priístas sabían que las elecciones federales del año próximo resultaban para el gobierno federal, algo vital.

El PRI entendió a la perfección, que un fracaso en las urnas podría obligarle a ceder posiciones de poder al PAN para poder mantener el ritmo económico. Y ello simplemente, no entraba en el proyecto priísta.

Ahora, Madero puede entender la realidad. Pero ya no tiene peso alguno real como para poder remediar las cosas. Si se inclina más hacia el gobierno, tendrá un mayor rechazo en el PAN. Y si quiere recomponer las cosas en su partido, antes que otra cosa tendría que entregar parte del poder.

El video de Puerto Vallarta acabó con la carrera de varios panistas. Desprestigió de manera impresionante al panismo. Pero destrozó sin piedad, el proyecto político personal y de grupo de Gustavo Madero.

Y esto es apenas el principio de la batalla que se avecina para el líder del PAN. Una batalla que se librará en todos los frentes posibles. Y no habrá cuartel para nadie.