norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

El momento parece más el de un funeral, que el de un aniversario. El PAN tiene en realidad, muy poco que festejar a 75 años de su fundación. Dejó de ser el partido de los principios y los valores, para convertirse en un nido de ambiciosos desideologizados y, si les hiciera falta, bastante corruptos.

En 1939, en pleno cardenismo y con el llamado estatuto obrero en ebullición, el PAN se abrió paso en el terreno político para defender todo lo que el gobierno de Lázaro Cárdenas quería derruir. La iglesia católica y el capital encontraron, de muchas maneras, el aliado que requerían.

La lista de los fundadores de Acción Nacional no es algo menor. Y no debe perderse de vista, especialmente por la distancia, cada vez mayor, que existe en relación con el actual grupo dirigente en el PAN .

Encabezados por Manuel Gómez Morín, el nacimiento del PAN tenía en sus líderes a Efraín González Luna, Aquiles Elorduy, Luis Calderón Vega, padre de Felipe Calderón; Francisco Fernández Cueto y a Rafael Preciado Hernández. Claridad en las ideas, por más cuestionables que pudieran ser para sus rivales. El PAN tenía rumbo. Y la apuesta se hacía a largo plazo.

Al año siguiente de su nacimiento, el PAN no participó en la contienda presidencial. Pero dejó la puerta abierta para que sus seguidores respaldaran a Juan Andrew Almazán. En 1941 logró su primera Alcaldía, en Quiroga, Michoacán y fue hasta 1970 cuando en la presidencial de entonces, logró una votación federal importante, el alcanzar un 13% del total de los sufragios.

Sin embargo, para esas fechas el PAN iniciaba la ruta hacia el desastre. Haber permitido que grupos empresariales impusieran nombres y condiciones terminaría por acabar con el partido de los principios para dar vida al partido de los intereses y las ambiciones.

En 1976 el PAN no lanzó candidato presidencial. El grupo del norte se quedó a un paso de conquistar la nominación. Pablo Emilio Madero se había convertido, con José Angel Conchello como soporte, en el rostro del nuevo panismo. Y aún cuando la dirigencia del partido aún permaneció un

poco más en las manos del viejo panismo, para todo el mundo fue obvio que Acción Nacional había perdido el rumbo ideológico para entrar en la ruta del pragmatismo a toda prueba.

Así, en 1989 Ernesto Ruffo Appel llegó al gobierno de Baja California, con la sombra de las concertacesiones a la vista de todos. Un poco después, en 1997, el PAN encabeza el grupo que se apodera de los Controles en la Cámara de Diputados. Por primera ocasión, desde 1929, el PRI no tenía el manejo de la cámara Baja. Pero ese poder se utilizó para acuerdos políticos de poder y no para fortalecer a la democracia.

Bastaría con ver la lista de los candidatos presidenciales de 1982 a la fecha para entender quienes tenían el control en el PAN: Pablo Emilio Madero, Manuel J Clouthier, Diego Fernández de Cevallos, Vicente Fox, Felipe Calderón y Josefina Vázquez Mota.

Habrá que recordar que en 1976, Luis Calderón, padre del expresidente Calderón, renunció al PAN ante el arribo abierto, de los empresarios y la pérdida de la estructura ideológica.

Ahora, su hijo, explica, sin rubor alguno, que su gobierno no pudo llegar a la victoria frente a la delincuencia organizada, gracias al apoyo que gobernadores y alcaldes brindaron a los narcotraficantes. No explica, sin embargo, quienes fueron. Y menos aún, las razones por las que no los denunció y no emprendió acciones legales en contra de ellos.

La realidad es que el PAN no tiene nada que festejar. Perdió el rumbo y carece de una base realmente ideológica. Su discurso es viejo y no dice nada. Gustavo Madero ha sido capaz de llevar a su partido a su mínima expresión. Y los escándalos de todo tipo, reflejan claramente, la pobreza política de un partido que nació para abanderas las causas comunes de los mexicanos y se ha convertido en apenas, una caricatura de su mas odiado rival. Tan corrupto como el PRI, pero decididamente incapaces.

Recordar el aniversario 75 de su fundación no fue fácil para el PAN. Después de todo, en le recuento lo que realmente se vive, es la velocidad con la que caminan hacia atrás. Tal y como se decía de ellos en “los cangrejos”.