norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Miguel Angel Mancera decidió, con el impulso creado por su Informe de Gobierno como soporte, dar a conocer su beneplácito para que Joel Ortega se mantenga al frente del METRO. Esto es, determinó ratificarlo de una manera muy informal en el cargo, sin importar fallas, protestas, mentiras y por supuesto, la incapacidad ya de sobra acreditada.

Es de sobra conocida la forma mañosa en las que las autoridades del gobierno del Distrito Federal llevaron al cabo la encuesta en la que la mayoría de los ciudadanos se “mostró favorable” al aumento en la tarifa del servicio en el tren subterráneo.

Del mismo modo, son conocidas las muchas promesas que se hicieron para mejorar el servicio. Y claro está, la promesa de modernizar trenes y equipo.

Pero al momento de dar a conocer su apoyo al señor Ortega, el titular del gobierno del Distrito Federal recurrió a uno de los expedientes más viejos en la política nacional. Pero también uno de los más gastados. “Recibimos la institución” totalmente agotada.

Y difícilmente se podría alegar algo en contrario. Es notoria la ausencia de mantenimiento en el Metro. Y es evidente el deterioro en todos los terrenos. Y claro, ese deterioro alcanza al personal, el cual se ha vuelto excesivo, irresponsable y activista en el terreno político, con la plataforma de la institución a su servicio.

Así las cosas, lo que el señor Mancera tendría que hacer, lejos de ratificar funcionarios de medio pelo con cargos vitales, tendría que ser, primero, explicar las razones por las que dos años después de haber tomado el cargo, se lanza a explicar las causas de las fallas en el Metro.

Después, tendría que aclarar qué tanto el abandono impacta en el actual servicio. Y en ese mismo punto, debería entender que por más que él quiera dejar esa idea en la mente de los ciudadanos, no es posible que todo el daño se origine en la administración de Marcelo Ebrard, de la que por cierto, él formó parte distinguida sin que, nunca, hubiera dicho nada de los problemas que hoy denuncia sin

denunciar.

Con ello, habría entonces que juzgar a los gobiernos de izquierda, desde Cuauhtémoc Cárdenas al actual, para determinar quienes sí y quienes no, respetaron la necesidad de dar mantenimiento a un servicio como el Metro.

Lanzar afirmaciones como esa de que el Metro estaba en el abandono puede tener muchas más bases de las que se pueden suponer. Pero como ese tipo de fallas tiene un impacto en el terreno de la seguridad, ¿no se tendría que acompañar a la denuncia oral con una denuncia legal? ¿Y no tendría que haber responsabilidad de las autoridades actuales por no haber hecho nada al respecto en los dos años que tienen de gestión?

¿Puede quien fue procurador de justicia del Distrito Federal alegar que se requería tiempo para poder iniciar algún tipo de proceso?

La verdad es que Miguel Angel Mancera requiere de la alianza política con Joel Ortega, quien es un enemigo político claro de Marcelo Ebrard. Y en la necesidad de esa alianza, Mancera tendrá que soportar todas las promesas no cumplidas en el aumento en la tarifa del Metro, o las muestras más que evidentes de incapacidad, como la presencia se los conductores del tren subterráneo en claro estado de ebriedad, con todo el riesgo que ello implica para los usuarios.

Mancera se encuentra en abierta campaña de reconstrucción de su imagen, Cuenta con el apoyo del gobierno federal. Pero requiere de respaldo de los grupos, al menos algunos de ellos, dentro del espectro de la llamada izquierda.

Y uno de los requisitos indispensables es la rivalidad con Ebrard. Y Joel Ortega lo llena a plenitud. Y ahí está el secreto de la ratificación.