De manera clara y contundente, el gobierno nos ha hecho saber que, en materia de seguridad y a pesar de los muchos discursos en contrario, la situación no sólo no ha mejorado, sino que ha obligado a las autoridades a endurecer las medidas de prevención.
Roberto Campa, el nada brillante subsecretario de Gobernación encargado del área de seguridad, apareció en público para “explicar” las razones que llevaron al gobierno a ordenas que los infantes fueran “cacheados” el pasado día 15 en la noche, antes de ingresar al Zócalo en el DF.
Y como eje fundamental de la gran explicación, el funcionario federal dijo que se había hecho, el manoseo a los pequeños, para evitar eventos como lo sucedido en Morelia hace siete años, cuando se detonaron granadas en el festejo por la Independencia.
Ante semejante postura, es elemental determinar que todos los dichos del gobierno, muchos de los cuales han sido presentados por el propio Campa, son en el mejor de los casos, poco confiables. Si se llegó al grado de tener que revisar a los menores en los actos públicos, la situación tiene, por fuerza, que ser mucho más seria de lo que las autoridades afirman.
El problema entonces es doble, ya que por un lado queda claro que la inseguridad no sólo no disminuye, sino que se perfecciona y alcanza niveles de peligrosidad bastante serios, y por el otro queda a la vista la intención del gobierno por evitar que la sociedad sepa de qué tamaño es el problema que se enfrenta.
Es obvio que el gobierno quiere mantener la idea de que una de sus promesas más importantes en campaña, la más importante para muchos, como es la de la seguridad, se cumple, por más que se tiene que reconocer que se avanza de manera lenta.
Pero esa estrategia se viene por tierra ante lo dicho por Roberto Campa. Si hay endurecimiento en las medidas de seguridad, es simple y sencillamente por el temor que se tiene ante la posibilidad de actos “como los sucedidos en Morelia”.
Y ello por deducción lógica, nos indica que hay más violencia. Y mucho más peligrosa.
Roberto Campaña no ha sido un político hábil. Es sin lugar a dudas, uno capaz de aprovechas todas las oportunidades a su alcance. Y claro está, de acomodarse en cualquier parte, sin importar que ello le obligue a pasar de un grupo a otro sin rubor alguno.
Así, se desempeño como dirigente en el PRI del DF y fue quien cargó con la derrota electoral que dejó al priísmo sin un sólo cargo de elección en la capital del país. Traicionó a los priístas para acompañar a Elba Esther Gordillo en su alianza con el panismo y sin rubor alguno abandonó esa trinchera para formar parte de un nuevo gobierno priísta, sin importar todo lo hecho y dicho en contra de esa institución. No debe olvidarse que fue candidato presidencial impuesto por la maestra, en el PANAL, sólo para atacar a los priístas.
En esa misma línea de actuación, hoy le toca aparecer en público para “explicar” cómo y por qué se registró a los infantes en el Zócalo el pasado día 15 en la noche. Y como puede suponerse, al “aclarar” las cosas, todo lo que logró fue enredar más la situación.
Ahora, después de la nada brillante intervención del subsecretario de Gobernación, quedan muchas explicaciones por ser presentadas.
Y una de ellas tendría que ser, se quiera o no, la relacionada con los dichos del gobierno en torno a una “sensible” baja en los índices de delincuencia, cuando el temor oficial va precisamente en sentido contrario.
Roberto Campa aclaró muchas cosas. Para su mala suerte, todas ellas para poner a la vista el hecho de que en materia de seguridad, al gobierno actual le falta mucho camino por recorrer, antes de alcanzar las metas prometidas.


