norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Los números de agosto ya lo habían señalado, pero el fin de semana lo comprobó. La violencia en el país está lejos de desaparecer, más allá de lo que se diga en los discursos oficiales y lo que e quiera demostrar con el uso de las estadísticas.

El discurso oficial había prometido alcanzar un ritmo a la baja en los índices de la violencia en el primer año de su gestión. Y a pesar de que se tenían número aún muy altos, parecía que se lograría llegar a un ritmo descendente, por más que el resultado final, según esos mismos números, sería aún muy elevado al terminar el actual gobierno.

Pero el optimismo se vino por tierra al momento en el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública presentó sus índices y puso en claro que en agosto, los homicidios y el secuestro tuvieron un repunte, lo cual simplemente eliminaba el hecho de que el total de delitos mostraba una tendencia a la baja.

Dicho de otra manera, los delitos considerados “menores” disminuían, pero los más graves, como el homicidio y el secuestro, mostraban un ritmo de ascenso.

En el caso del homicidio, el aumento fue del 7%, en tanto que el secuestro se elevó un 18%. Pero uno de los puntos más delicados es el que señala que, a pesar de los discursos de las autoridades locales, el Estado de México es una de las entidades más violentas del país, entidad que registró el 15% de todos los crímenes a nivel nacional registados en agosto.

Michoacán, Jalisco, Tamaulipas, Guerrero y Chihuahua, con un repunte muy serio, son los estados que pasan a formar el eje de las grandes preocupaciones por la violencia.

Veracruz se une con el descubrimiento, ya van cuatro en el año, de una nueva fosa clandestina en la que los cuerpos encontrados muestran el nivel de la violencia en la entidad.

Pero las cosas se complican al momento en el que el fin de semana pasado, mostró enfrentamientos en Chihuahua, con un número de muertos aún no definido del todo, con un Morelia que vivió horas de

miedo con un choque armado como marco, y con la “cacería” escenificada en Iguala, Guerrero, en donde policías y “civiles” se enfrentaron, de acuerdo a la versión oficial con delincuentes.

Ciudad Madero, en Tamaulipas y el Distrito Federal, en pleno centro de la ciudad, también tuvieron su dosis de violencia, en un momento en el que lo que resulta evidente es que, discursos aparte, la violencia en México no parece tener freno alguno.

Los números oficiales y los sucesos del fin de semana ponen en claro que el problema de la violencia es aún el reto a vencer.

El panorama se enrarece aún más si se toma en cuenta que Michoacán, Tamaulipas y el Estado de México, que forman parte destacada de los sitios más violentos, son entidades en las que el gobierno federal puso en marcha los famosos operativos especiales.

La realidad dice que la preocupación oficial consiste en alcanzar una baja en los números, pero no se trabaja en el fondo del problema.

Otra vez, más allá de los discursos, el problema es que no se ha tocado el tema del dinero. Esto es, se captura o se dice que se hace, a criminales, pero no se acaba con la línea del dinero. Y ello significa que el “negocio” se mantiene.

Se sabe como se pide en las extorsiones por ejemplo, el depósito en cierto tipo de cuentas. Pero no se trabaja en esa línea. Para ciertos delitos es evidente que se requiere de algún tipo de apoyo para la información sobre las víctimas. Y nada se hace en ese sentido.

Y los resultados están a la vista. El homicidio y el secuestro ya repuntaron. Y la violencia se salió de control el pasado fin de semana. Y las fosas clandestinas siguen como un problema al que se quiere ignorar.

Total, el programa para pacificar el país no puede presentar los resultados prometidos.