norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

El grado de descomposición política es acelerado. Y por supuesto, de alto riesgo. Y para ejemplificar el caos reinante, bastaría con poner algo de atención a lo sucedido en el Senado de la República para entender lo complejo de la situación que se vive en estos momentos en el país.

Cargados de soberbia y con la sensibilidad política de un paquidermo, hubo quienes pensaron que, para acabar de festejar las reformas y para demostrar que es la Cámara Alta la verdaderamente importante. Se debía llevar al presidente de la República a un evento con todos los senadores a su alrededor.

Se pensó en el federalismo como pretexto y se utilizó a la bancada del PRD como instrumento. Después de todo, Miguel Barbosa se prestaba como la imagen “adecuada” en su calidad de representante de una fuerza de oposición.

Y todo se puso en marcha. Los preparativos para que la imagen del Senado se disparara al infinito no tuvieron límite alguno. Barbosa gozaba ya de los beneficios políticos que le lloverían con tal evento. Y los priístas, con Emilio Gamboa a la cabeza, quedarían como los artífices del arribo del presidente al Congreso.

Pero todos, dentro y fuera del Senado, se olvidaron del pequeño detalle de las negociaciones y los acuerdos. Y con ello, no pusieron la debida atención al peso político del PAN en el Senado.

Desde el gobierno federal le tundieron a los panistas en todos los tonos por sus varios errores y corruptelas. Y lo dejaron fuera de los acuerdos. Consideraron que el evento programado para ayer, sería de lucimiento político para todos.

Pero el PAN no reaccionó como se esperaba. La evidente división interna no se hizo notar como esperaban priístas y perredistas. Se unieron y combatieron. Y vencieron.

El jueves pasado fue la primera llamada de atención. En un debate de casi cuatro horas sobre el evento programado, se burlaron de la incapacidad política de Miguel Barbosa y de la soberbia política

de Emilio Gamboa. Y crucificaron la figura presidencial sin que hubiera un sólo orador a favor del evento, que pudiera realmente, realizar una defensa más o menos inteligente de la situación.

Se dejó correr el tiempo. Las negociaciones, si alguien las intentó, simplemente no cuajaron. Y el lunes pasado, se revivió el tema. Los priístas, en su reunión previa, comentaron la necesidad de cancelar la presencia del presidente. Pasara lo que pasara, el gobierno y el PRI perderían mucho. La idea caminó, pero sin acciones rápidas. Y de nueva cuenta, el PRI perdió el debate. Y la izquierda perredista, tal y como sucedió el jueves pasado, sólo hizo el ridículo tratando de defender al presiente, al que tantas otras veces y de tantas maneras, ha cuestionado.

La realidad es que, en el escenario de la descomposición política que enfrenta el país, lo sucedido en el Senado es apenas un ejemplo, claro y contundente, del tamaño de la problemática.

Emilio Gamboa quería ser la “figura política” y utilizó los servicios políticos de su nuevo gran aliado Miguel Barbosa. Y los resultados están a la vista. El presidente de la República no fue “aceptado” por algo más de un tercio de los senadores.

Se puede como se intenta, alegar la incongruencia política del PAN o hablar de la “alianza anti natura” que unió al panismo con el PT. Pero en el fondo, lo que sucedió es que la soberbia política de unos y la incapacidad política de otros, o la suma de ambas en varios de los participantes, llevó al presidente de la República a un rechazo político que a todas luces, resultaba innecesario y que, en el mejor de los casos, nada hubiera aportado al Senado, por más que sí a la ambición política de quienes “organizaron” el evento sobre el federalismo.

De Barbosa poco hay que decir. Su trayectoria es la misma de siempre. Nada de ideas serias. Sólo utilización del poder para mantener su proyección personal. De Emilio Gamboa habrá que recordar que este es apenas, uno más de sus fracasos como líder del Senado. Y al momento en que se realicen las cuentas sobre los dos años de la actual Legislatura, tal vez los resultados obliguen a repensar muchas cosas.