norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

El gobierno de Miguel Angel Mancera en el Distrito Federal parece dispuesto a seguir la receta aplicada por Andrés Manuel López Obrador para evitar el daño de la corrupción de sus funcionarios.

Si al tabasqueño le dio resultado guardar silencio primero, y después “aplicar la ley” en los casos de Gustavo Ponce y de René Bejarano, el señor Mancera da la impresión de querer seguir los mismos pasos ante la debacle que para su administración significa el que se hayan dado a conocer grabaciones en las que su oficial mayor, Edgar Armando González Rojas, ha sido atrapado en aparentes actos de corrupción.

El problema para AMLO fue lograr que la ciudadanía aceptara que “no sabía” lo que dos de sus más importantes colaboradores hacían. El problema para Mancera será que nadie le creerá realmente una afirmación de esa naturaleza. Y nadie le creerá totalmente por la simple y sencilla razón de que el gobierno del Distrito Federal ha dicho ya, demasiadas mentiras.

Todos los capitalinos saben lo que es enfrentar un trámite burocrático en el Distrito Federal. Y todos saben que es imposible que el jefe del gobierno del Distrito Federal no esté enterado de lo que sucede a lo largo y ancho de la administración capitalina.

Lo mismo da si se trata de el trámite para la nueva tarjeta de circulación, o de un simple cambio de propietario en lo que a los vehículos automotores se trata. No importa el nivel del caso. Lo que importa es que el ciudadano queda atrapado en la maraña de corrupción que se ha tejido en la capital del país.

La corrupción no se queda en los trámites burocráticos. Los más altos niveles del gobierno de la ciudad buscan engañar a la ciudadanía para evitar tener que aceptar el fondo del problema.

Así, se podría citar como uno de los ejemplos más acabados, el de la Línea 12 del Metro. Las autoridades mintieron y no explicaron nada hasta que les fue imposible mantener su posición original. Y cuando se vieron obligados a reconocer que existía un problema muy serio, nunca explicaron todo lo que sucedería y menos aún, lo que se había hecho en esa línea.

De esta manera, hay una inversión que bien a bien no se sabe dónde terminó y hay enormes lagunas con respecto al papel del actual gobierno. Y el colmo fue que, a dos años de distancia y con el aumento a la tarifa ya totalmente consolidado, las autoridades capitalinas han dicho que las fallas y mal servicio en el Metro requieren de unos 23 mil millones de inversión. Cosa que, por supuesto, nunca dijeron al momento de aplicar el aumento.

La realidad dice que el gobierno del DF está amarrado de manos por la corrupción existente. Si se pone atención en el transporte urbano se entenderá la alianza que existe entre los concesionarios, los choferes y la autoridades, sin importar para nada, el interés de los usuarios.

Del mismo modo, se podría analizar el asunto del tema inmobiliario, los permisos y las obras fuera de norma para entender que las autoridades capitalinas hacen de todo, menos aplicar la ley.

El asunto del predial o casi cualquier otro tema en el que el ciudadano tenga que plantarse ante una autoridad, revelará lo que es la corrupción en el gobierno del Distrito Federal.

Así, el que el Oficial Mayor del gobierno del señor Mancera haya sido atrapado en actos deshonestos no parece ser algo capaz de sorprender a nadie.

Pero ello no significa que no sea importante.

Es obvio que, como en su momento lo hiciera AMLO, el señor Mancera dirá que no sabía nada, que se aplicará la ley para demostrar que no tolerará actos de esta naturaleza en su gobierno.

Sin embargo, tal y como le sucedió al tabasqueño, Mancera quedará atrapado en una pregunta sencilla ¿sí no sabía de las actividades de sus funcionarios más importantes, qué es en realidad lo que sí sabe de lo que sucede en el Distrito Federal?

Claro, aparte de cortar listones.