norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

El flamante gobernador de Guerrero, Rogelio Ortega Martínez, parece ser una “solución” para los problemas en su entidad. Pero al pasar del tiempo, podría dar vida muchos más y quizá a retos más profundos para el gobierno federal.

El nuevo mandatario guerrerense es, como todos saben, un cuadro político creado en la izquierda. Pero no en la izquierda de los “Chuchos”, sino en aquella que, en su momento, entendía la lucha de clases y la dictadura del proletariado, como algo no sólo por lo que se debía luchar, sino como algo realmente inevitable al pasar del tiempo.

En el no muy lejano 2009, Ortega Martínez fue acusado, ante las autoridades correspondientes, de estar ligar a las fuerzas revolucionarias colombianas, FARC, y de ser parte de grupos que en México se dedicaban al secuestro. Y nunca se aclaró nada al respecto.

Lo que sí se tiene claro, es que el hoy gobernador fue, en su momento juvenil, parte de los grupos de izquierda que en nuestro país luchaban en todos los terrenos, en contra del sistema. Fue compañero de batallas de Rosario Robles, de salvador Martínez Della Roca y Julio Moguel entre otros. Y formó parte de agrupaciones políticas que tenían como gran objetivo, el derrocamiento del gobierno.

Se le recuerda como parte de la para muchos olvidada, OIR-LM, que no fue más que la Organización de Izquierda Revolucionaria, Línea de Masas, de liga totalmente maoísta.

Y cualquiera sabe que el maoísmo trabaja en la línea del largo plazo y por supuesto, en la labor de zapa contra los poderes establecidos.

Con este panorama, parece ser que el gobierno de Enrique Peña Nieto, arrinconado por la presión que se ejerce desde el exterior, aplicó una receta que en el corto plazo puede dar “resultados”, pero que al paso del tiempo, puede provocar otros tal vez más serios.

Es claro que la relación con las fuerzas que provocan buena parte de los problemas en Guerrero ha sido establecida. Y por lo mismo, habrá que esperar que el asunto de la desaparición de los normalistas

quede “resuelto” en plazos más o menos cortos.

Del mismo modo, es de suponerse que la captura de los “delincuentes” en Guerrero se presentará también como parte del éxito de las nuevas políticas aplicadas en la entidad. Es con algunas variantes, el sistema aplicado en Michoacań. Se selecciona a uno de los enemigos, se le acerca al poder, y se lucha contra el resto, con los delincuentes como aliados.

No es difícil que, como promete la PGR, se atrape a los señores Abarca. Y habrá, como es lógico, uno que otro personaje destacado, en calidad de responsable. Y ya.

Pero ahí, justo en ese momento, aparecerá el inicio de los otros problemas.

Si la formación maoísta rinde frutos, lo que se verá en Guerrero será la traición a los acuerdos y la lucha por el control absoluto.

Así, una de las primeras víctimas políticas de lo que sucede en esa entidad, será el perredismo que hasta el momento, fue parte funcional del gobierno federal. Es de suponerse que la línea “dura” que llega al poder con Ortega Martínez, buscará tener su propio candidato. Y luchará por el triunfo total.

Y si logran su objetivo, entonces el gobierno federal tendrá en Guerrero un problema político parecido al que se enfrenta en el Distrito Federal, en donde el clientelismo y el control político férreo le han dado al PRD una posición capaz no sólo de resistir la lucha político electoral, sino capacidad para hacer frente a todos los intentos de realizar una auténtica lucha de ideas y proyectos.

En Guerrero, ante la enorme presión internacional y ante la obvia incapacidad política, se adoptó una solución para tener “resultados” de manera rápida. Falta saber si al final del camino también se tiene una respuesta a los nuevos retos que esa medida habrá de provocar.