norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Arrinconado por la cruel realidad y sin respuestas para controlar la crisis a que se enfrenta, el presidente Enrique Peña Nieto ha decidido convocar a un gran “acuerdo nacional” para combatir la violencia que nos azota, pero que enel fondo nos anuncia que los hechos en Iguala no fueron un “rpoblema local” y que las muertes en Tlatlaya no son “un hecho aislado”.

Y la idea no sería mala, si no fuera por que se realiza tarde, muy tarde, de una manera limitada y deja en el olvido compromisos que para dar forma y contenido el nuevo pacto, tendrían primero que ser explicados, especialmente en lo que se refiere a su fracaso.

El llamado a un acuerdo nacional deja atrás todos los discursos realizados a lo largo de la campaña presidencial pasada. Deja de lado todas las críticas que, sin compasión, se lanzaron en contra de Felipe Calderón y sus decisiones en el campo del combate a la delincuencia organizada.

Ademś, se quiere olvidar el hecho de que se pide un acuerdo nacional con la misma estructura que ya fracasó. Esto es, se pide un cambio de forma, pero con el mismo equipo que nos dice que la situación en el país es peor de lo que se quería reconocer.

Se quiere olvidar el hecho de que, se acepte o no, se estableció el compromiso de alcanzar resultados en plazos cortos, como el de un año pro ejemplo, y siempre en base a la utilización privilegiada de la inteligencia, en lugar de la fuerza como sucedió en la pasada administración.

Ahora, se llama a combatir la corrupción, la impunidad y a garantizar el estado de derecho. ¿Pero que no todo ello es parte del compromiso del gobierno? ¿No fue eso lo que se prometió al inicio del sexenio? ¿No las metas fueron las mismas a las que hoy e convoca al estado para lograrlas?

Se invita a impulsar acciones institucionales y compromisos que permitan revertir la situación que hoy día se vive en el país.

Y de nueva cuenta, ¿no primero tendrían que llegar las explicaciones?

Si recordamos que los sucesos de Tlatlaya y de Iguala son los hechos a los que se refiere el gobierno, no podemos dejar de lado entonces, el accionar del propio gobierno ante esos acontecimientos.

De esa manera, tendríamos que en el caso de las ejecuciones en el Estado de México, fue el gobierno el que intentó ocultar la verdad. Se aceptó como buena, la versión del ejército que explicaba que en un enfrentamiento con delincuentes, había 22 muertos como resultado. Todos por supuesto, del bando de los supuestos malhechores.

Ahora, se convoca al estado para combatir la impunidad y la corrupción. Pero no se aclara que fue lo que sucedió con las ejecuciones. Y llevar a juicio a un puñado de militares no alcanza para solucionar el problema.

Después, en lo de Iguala, habría simplemente que recordar que la promesa de campaña y los dichos de inicio de gobierno, se fincaron en la utilización de la inteligencia para combatir el crimen. Y la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa y la responsabilidad de las autoridades de Guerrero, dejan ver con toda precisión, que esa prometida inteligencia simplemente nunca existió. O fue borrada por la corrupción. Y aquí habrá que señalar que la incapacidad también es corrupción.

Finalmente, habría que tener a la mano el hecho de que, en diversos foros, en diversos niveles y de muchas maneras, el gobierno presumió los “avances” en el combate a la delincuencia. Y con el llamado al acuerdo nacional ¿no tendríamos que recibir la información real de la forma en que se alcanzaron las cifras de los discursos? ¿No hubo intentos por maquillar la realidad?

Nadie puede, sin dañar al país, negarse al llamado presidencial. Pero sin importar la forma y el contenido de la convocatoria, nadie puede del mismo modo, dejar de ver lo que hace falta en el llamado

Tenemos que combatir la delincuencia, la violencia, la impunidad y la corrupción. Nadie lo niega.

Pero igualmente, nadie podría negar la necesidad que existe sobre las explicaciones que debe el gobierno ¿Quiénes fallaron? ¿Quiénes plantearon la estrategia que fracasó de manera tan miserable? ¿Sobre qué bases se planeo el combate a la delincuencia? ¿No se tenían realmente las bases para este combate?

Las preguntas son muchas. Y sin explicaciones, los llamados a la unidad y al acuerdo nacional, tendrán efectos limitados. Justo lo que no se necesita.