Miguel A. Rocha Valencia
En verdad que están sucediendo cosas atroces más allá de (¡Imagínense!) de los asesinatos, macro-saqueos presupuestales o toda la corrupción que existe en la administración pública. Aberraciones que se observan al menos en dos temas: los derechos de los Niños y los paros en instituciones educativas, donde los dañados son los mismos protagonistas, como los del IPN.
En el Senado, afortunadamente se detuvo una de las mayores perversiones registradas en la historia: dejar al garete, arrebatar del seno familiar, de los padres, la orientación sexual de los niños para entregársela a cualquier degenerado que se atraviese en su camino; tendría que reformarse incluso el código penal para desaparecer la figura delictiva del estupro y corrupción de menores.
La propuesta, que fue incorporada a la iniciativa presidencial en el Legislativo, donde mucho tiene que ver la excamionera sinaloense, Diva Hadamira Gastélum, es de lo más perverso y muestra que en las élites del poder público, inclúyanse Ejecutivo, Legislativo y Judicial, existen mentes enfermas que han logrado torcer incluso el orden natural de las cosas para justificar sus desviaciones y acarrear a grupos de personas “diferentes” a sus redes partidarias.
También habría que hacer algunos ajustes en torno al concepto de corrupción infantil, pues si un niño dice que aceptó por su cuenta ser explotado incluso sexualmente, nada va a pasar, el victimario se convertirá en empresario y ya no en delincuente.
Es lo mismo con la insistencia de legalizar las drogas, al rato nuestros hijos o nietos se envenenarán gracias a un mercado abierto. Sí, como ocurre en los países bajos o Francia.
Quitar esa potestad de los padres de educar a sus hijos y si acaso con algún consejo profesional, sería una de las peores aberraciones. La corrupción de los niños sería legalizado y con ello, igual que las drogas, un comercio súper millonario que hoy se castiga por ser un delito.
Y lo otro, lo del Politécnico. En algún momento se han detenido los jóvenes a pesar en que quienes más pierden con el paro y su prolongación en base a la estrategia del asambleísmo daña a los propios estudiantes y al IPN.
¿Se habrán detenido a pensar que cuando busquen trabajo les preguntarán de qué generación son para no darles empleo? Así le pasó a los de la UNAM, donde incluso en los anuncios se apuntaba “Egresados de la UNAM, abstenerse de acudir a entrevista”.
Qué pena que una institución tan sólida y prestigiada como el IPN sufra este daño, donde desde luego, hay mano negra de sujetos que sin tener algún interés académico, propician la prolongación del paro no obstante que todas las peticiones estudiantiles fueron atendidas positivamente.
Es tiempo de volver a la normalidad; las demandas fueron cumplidas, se firman y adelante, pero el daño que ya se propinaron los estudiantes y la institución, quién lo repara, eso ya no se compone, pasa al imaginario colectivo (como dicen los sociólogos, especialmente izquierdosos) y queda, “ese paro no se olvida”.
Así las cosas, también mentes perversas lograron penetrar al IPN, lo mantienen en paro; no se trata de defender a un secretario (Emilio Chuayffet) indefendible sino a una de las instituciones más caras que dan prestigio internacional a México, de lo poco rescatable que tiene este país.

