Cuauhtémoc Cárdenas ha decidido agudizar las contradicciones existentes en la dirigencia nacional del PRD. Y con banderas nada novedosas, ha logrado arrinconar a Carlos Navarrete y al grupo que representa, dando vida a un debate político que puede no provocar el cambio de líderes en el partido del sol azteca, pero sí llevar al perredismo a su mínima expresión política, para beneplácito de Andrés Manuel López Obrador.
Cárdenas ha puesto en juego el resto del capital político que aún tiene en las manos. Y su apuesta tiene muchas vertientes. Y una de ellas es, por supuesto Michoacán, los efectos del trabajo de seguridad que se realiza en la entidad, tanto como la posibilidad de cambiar, radicalmente, la línea de acuerdos del gobierno con la izquierda.
Cárdenas habla, como podría esperarse, de posiciones morales dentro de la izquierda. De la postura que debe guardarse ante el gobierno y de los objetivos sociales que debe tener el PRD. Y para que ello pueda lograrse dice, es necesaria la recomposición del partido que él fundó y ello implica, como primer paso, la renuncia de Carlos Navarrete y equipo que le acompaña en la conducción del partido.
Por supuesto, los “chuchos” saltaron de inmediato con la respuesta. La dirigencia del PRD fue electa de manera legal. No debe hablarse de renuncia. Pero con su postura, Jesús Ortega y Jesús Zambrano lo que en realidad han hecho, es demostrar que Navarrete no es más que un líder de papel que responde sin chistar, a sus intereses políticos.
Y ese es precisamente el soporte que Cárdenas quiere explotar. Y la amenaza no es sólo para el grupo que controla desde hace años, al PRD. La sangría en el partido puede ser tal, que los votos el año próximo simplemente desaparezcan de manera masiva, con lo que, sin duda, el beneficio sería para el MORENA de López Obrador.
Dicho de otra manera, Cárdenas desea que muchas cosas en Michoacán se queden como están. Y al mismo tiempo, que el gobierno decida cambiar de interlocutor con la izquierda. Al menos con esa izquierda que puede ser considerada como “negociadora”, salvo que se quiere ver crecer de manera
importante, al grupo de que respalda a AMLO, con todo lo que ello significa.
El grupo de los “chuchos” fue importante para el gobierno a la firma del Pacto por México. Y se le permitió, por ejemplo, apropiarse de buena parte de la idea y de reclamar para sí, la reforma fiscal. Pero Iguala demostró la corrupción político ideológica de esa tribu del PRD. Y el daño ha sido enorme. Y en la crisis, Cárdenas simplemente agudiza la contradicción. Sabe que, final de cuentas, es posible que algo de todo lo que busca, se logre.
Pero para el grupo en el poder dentro del PRD las cosas no son sencillas. Permanecer como hasta el momento, sería suicida. El respaldo oficial sólo eleva el grado de descomposición. Y la ausencia de ese respaldo significa quedar a merced de las acciones y decisiones de López Obrador.
Cárdenas no espera realmente la renuncia de la dirigencia perredista. Pero sí llegara a suceder, el “liderazgo moral” en la izquierda tendría que ser compartido. Y ello no resultaría del todo mal para un gobierno que pierde credibilidad de manera acelerada y que sabe que el PRD en las condiciones actuales, es más un lastre que un aliado.
De esta manera. Navarrete se ha convertido en un problema. Todo mundo sabía que es un político bastante menor. Pero se confío en la estructura que los “chuchos” decían tener. Ahora, con la evidencia de que esa fuerza es más de discurso que de otra cosa, la dirigencia Navarrete ha entrado en crisis. Y su permanencia pone en riesgo el equilibrio político. Especialmente en el Congreso.
Y Cárdenas sabe todo esto. Y lo explota. Habla del PRD, pero tiene muchos otros objetivos. Y entiende a la perfección, que el tiempo le ayuda. O que, dicho de otra manera, el tiempo trabaja contra Navarrete y su “liderazgo”.
La elección en el PRD fue legal. Y la certificó el aparato electoral. Pero ello no alcanza para mantener la legitimidad a perpetuidad. Y legitimidad es lo que el PRD o su dirigencia si se quiere, pierde de manera acelerada. Para preocupación oficial.


