norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

La estrategia del gobierno de Enrique Peña Nieto para enfrentar la crisis por la que atraviesa se ha puesto en marcha. Y todo hace indicar que el primer paso consiste en cerrar filas: las críticas se han puesto de lado, se consolida el grupo y se aplicará la fuerza de las afirmaciones, para acabar con los problemas.

Dicho de otra manera, la llamada casa presidencial que no son Los Pinos, será aclarada a base de afirmaciones. Los casos Tlatlaya e Iguala recibirán un tratamiento igual. Y para quienes no estén de acuerdo, se aplicará el término “desestabilizadores” y “enemigos” del proyecto nacional.

Así, sin más, el pasado martes las cosas fueron puestas en marcha. Y para que quedara totalmente claro que el grupo está destinado a mantenerse contra viento y marea, en el PRI se inició el ajuste estructural para que César Camacho se mantenga al frente del partido hasta el término del proceso electoral.

Esto, en buen romance, significa que no habrá nada que no quede ubicado en el interés político del grupo en el poder. Y que los cuestionamientos que se hacen sobre conflictos de interés, negocios en las licitaciones y demás, serán respondidos con señalamientos en torno a los afanes de desestabilización.

De esta manera y sin mayor esfuerzo, se acabará con la crisis. Iguala tendrá sus “culpables”, tanto como los tiene ya Tlatlaya. Lo demás poco importa. Austria dará los elementos necesarios de algo que se conoce ya, pero que servirá para cerrar el caso de los normalistas de Ayotzinapa. Y lo demás, quedará en manos del tiempo.

La respuesta oficial por supuesto, parece tomar una ruta que poco se consideró. Se quería una postura clara y radical en el gobierno, pero para recomponer las cosas y el equipo y por supuesto, para aclarar puntualmente la dimensión de los problemas.

Pero las cosas son vista desde el poder de una manera diferente.

El primer paso tiene al fortalecimiento del equipo. No importan los resultados, en el caso de que

éstos existan, sino la lealtad

Después, se enfrenta el problema de la casa, desde la óptica del poder mismo. Y ello a querer o no, simplemente complica las aclaraciones. Y puede adivinarse un planteamiento con límites. Lo cual no son buenas noticias.

Y después, se apuesta a los “hechos consumados”. Esto es, en Tlatlaya no hay problema alguno. Unos militares se excedieron y ya. Nada de aclarar y menos investigar, las razones por las cuales se registró un hecho que en el menor de los casos, tiene que ver con la indisciplina, que, sumada a las ejecuciones, obliga a pensar muchas cosas en este punto.

Y sobre el caso de los normalistas, las cosas parecen destinadas a quedarse justo en el punto en el que se encuentran. Esto es, fueron asesinados y calcinados. Y los responsables ya están sometidos a proceso. Y para complementar el caso, habrá más policías detenidos y juzgados. Y todo listo.

Sin embargo, quedará abierto el expedientes de los “desestabilizadores”

Siempre será preocupante que el propio presidente de la República presente un señalamiento de este tipo sin que se llegue a la denuncia clara y contundente, con nombres y apellidos y con decisiones fuertes al respecto.

A querer o no, parecería obligado que el presidente Peña Nieto actuará en consecuencia. Si hay quienes están en “contra del proyecto nacional”, ¿no tendría que aplicarse la ley?

Lo que parece será la respuesta final del gobierno a la crisis actual parece estar definida. Lo que no parece es que vaya a ser suficiente. Y sí en cambio, esta decisión podría en plazos más o menos cortos, abrir la puerta para nuevos problemas, en una espiral de conflictos que pueden tener costos elevados para todos.