norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Miguel Angel Mancera ha tenido como titular del gobierno del Distrito Federal, una actuación que en el mejor de los casos, podría calificarse como discreta. Y ello a pesar del aumento en la inseguridad, las promesas no cumplidas y por supuesto, los asesinatos de funcionarios de su administración y de políticos capitalinos.

La “buena suerte” del señor Mancera se pone de manifiesto cuando, en el primer tramo de su gestión, se ha visto obligado a realizar cambios en su equipo, sin que por ello la crisis capitalina pase a ser vista como algo tan serio como lo es.

Sería por demás sencillo recordar parte de los hechos que han puesto en evidencia la incapacidad del gobierno capitalino, a pesar de los cuales las cosas se mantienen en serios daños a la imagen del titular del Gobierno, pero sin convertirse en un problema político.

En el comparativo con el gobierno federal, la caída en la imagen de Mancera es mucho más seria y profunda, dados los márgenes con los que ganó la elección. Pero para el gobierno federal Tlatlaya, la casa blanca e Iguala han sido puntos de quiebre por demás serios.

En cambio, para el señor Mancera las condiciones han sido diferentes. Hoy, la crisis del gobierno de Enrique Peña Nieto le sirve de escudo protector. Tanto como al inicio, cuando las crisis capitalinas se presentaron, la imagen de avance y logros de EPN le ayudó a quitarse presión

Se puede tener en la memoria aquel ridículo papel en el tema de las bandas de “perros asesinos”. O en el silencio cómplice en el caso del asesinato del nieto de Malcom X en Garibaldi. O los nulos resultados alcanzados en la captura de los verdaderos líderes de la delincuencia en la capital. O ante el fracaso alcanzado en el Metro a pesar de las muchas promesas hechas para justificar un aumento que se fincó en una encuesta que todo mundo sabe, fue tramposa.

Las cosas no cambiaron cuando hace unos meses, asesinaron a un funcionario del gobierno del DF, en lo que fue considerado como un “asalto”, pero que nunca se aclaró realmente, O como cuando, hace

un par de semanas, asesinaron a un exdiputado local y funcionario de la FSTSE en Coyoacán.

Pero Mancera entiende que la crisis es real. Y que los riesgos para su ambición política que tiene al 2018 como objetivo, son muchos y están a la vista.

Así, ha realizado ajustes. Retiró del cargo a Simón Newman, con problemas de conflictos de interés que, por supuesto, nunca se aclararon. El problema inmobiliario sigue. Pero la SEDUVI tiene un nuevo titular.

Del mismo modo, se relevó del cargo a Edgar Armando González Rojas, quien se desempeñaba como Oficial Mayor del gobierno capitalino. Las acusaciones de corrupción corrieron por las redes sociales como reguero de pólvora. Y al fondo del problema no se llegó nunca. Todo quedó en un asunto interno.

En estos días, y después de una nada brillante declaración en torno a la violencia con que se garantizó el “orden” ante las manifestaciones del pasado día 20 de noviembre, se obligó a Jesús Rodríguez Almeida a dejar el cargo de titular de la policía del Distrito Federal. Aquello de “le guste a quien le guste” no fue del agrado de muchos.

Ahora, Mancera enfrenta las reacciones. Los elogios a la carrera de Almeida son muchos y salen de diferentes trincheras. Y lo que ello significa es que se eliminó a funcionarios con capacidad. Y ello significa que quien tendría que haberse retirado es el propio Mancera.

Por ello la recomposición de fuerzas. Por ello el recrudecimiento de la lucha entre tribus perredistas en el DF. Mancera tiene que tener aliados. Más allá del gobierno de Peña Nieto. Requiere de fuerzas dentro del PRD. O de lo que del partido del sol azteca queda.

Mancera ha sobrevivido primero gracias a la protección que le brindó la imagen creciente del gobierno federal. Y ahora, gracias a la crisis política que enfrenta la administración de Peña Nieto.

Pero la lucha ha iniciado. Y será sin cuartel. Y ahí se verá si Mancera es capaz realmente, de sortear, por sí mismo, los problemas de un gobierno como el del Distrito Federal.