De una manera clara y contundente, el jefe de la Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño, puso en claro que desde el poder, la crisis que vive el país no ha sido para nada, entendida. Y que la soberbia se mantendrá tanto como las reformas y el estilo de gobernar.
Aurelio Nuño apareció para conceder una entrevista al diario español El País, en la que, entre otras muchas cosas, demostró que un mal diagnóstico provoca un mal tratamiento. Pero en lo absoluto conduce al reconocimiento de los errores y menos al cambio de quienes se equivocaron al atender el problema.
Así, el alto funcionario de Los Pinos, uno de los tres hombres más poderosos al lado del presidente Enrique Peña junto con Luis Videgaray y Miguel Angel Osorio Chong, aceptó que “nos faltó”, como gobierno obviamente, “una agenda más contundente en materia de seguridad y de Estado de Derecho”.
El joven funcionario va mucho más allá cuando acepta que “no vimos-otra vez el plural como muestra clara de como se maneja el poder en el país-la dimensión del problema y la prioridad que debería haber tenido”.
Dicho de otra manera, el gobierno federal no le puso al tema de la seguridad y Estado de Derecho todo el interés debido. Y sus diagnósticos no sólo fueron insuficientes y sus estrategias fallidas, sino que resultaron abiertamente equivocados.
Pero el señor Nuño se queda ahí. Con semejante afirmación, evade la responsabilidad del “nos” y olvida el resultado fallido..
Así, salta a las disculpas y afirma que creer que esto es responsabilidad de un gobierno “es no entender nada”. Y justifica con “la responsabilidad de la herencia recibida es enorme”. Se trata dice, de un problema de décadas.
Y otra vez, evade la responsabilidad y las respuestas de fondo.
Es obvio que el problema no nació con la actual administración. Pero también lo es que, después de dos años en el poder, resulta, en el mejor de los casos, una burla el pretender que se crea que todo es cosa del pasado, por más amplio que pueda utilizarse el término.
Especialmente si se recuerda que una de las promesas de campaña fue, precisamente, el dar resultados en seguridad y Estado de Derecho, bajo la premisa de que “sabemos como hacerlo”.
No obstante, para Aurelio Nuño las cosas son en verdad simples.
Y enfatiza, “no vamos-atención con el plural-a sustituir reformas por actos teatrales con gran impacto mediático de 72 horas”.
Y Añade, “no vamos a ceder aunque la plaza pública pida sangre y espectáculo, ni a saciar el gusto de los articulistas”. La crisis se va a resolver con las instituciones, “no con bravuconadas”.
De nueva cuenta, el señor Nuño deja de lado las responsabilidades. Y por supuesto, las explicaciones.
¿Quién demanda sangre? ¿Qué se entiende en este caso, por bravuconadas? ¿Bravuconada es lanzar un discurso en el que se acusa a los críticos de intentar desestabilizar al país?
La respuesta a los problemas es por supuesto, algo de impacto mediático. Pero va mucho más allá de unas 72 horas. Lo que el señor Nuño no entiende, o pretende no entender, es que nadie le pide al gobierno federal, algo fingido, que es lo que puede resultar efímero.
Se les pide reciclar menos discursos y actos, y encontrar a los culpables. Pero a todos. A los que ordenaron los hechos en Tlatlaya, a los responsables de las fallas en el asunto de la casa Blanca y a los que ordenaron los sucesos en Iguala.
Pero también, a quienes no le dieron la “prioridad que debería haber tenido” a los temas de seguridad y Estado de Derecho. A quienes heredaron la crisis y a quienes la diagnosticaron de manera equivocada.
No es un espectáculo lo que se busca. Es simplemente, la demostración de que en verdad, lo que se quiere es tener un estado de derecho real. Y no a base de nuevos pactos y más movimientos legislativos.


