norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

La caída del gobierno federal es incuestionable y muy seria. Ha perdido la confianza de buena parte de la ciudadanía y no encuentra una respuesta satisfactoria a la crisis que enfrenta. Y lo que es peor, desde el exterior se dejaron sentir ya, los efectos de la problemática interna.

En apenas unos meses, de Tlatlaya a la casa de Malinalco, el gobierno de Enrique Peña Nieto ha perdido no sólo el paso, sino que ha sido acorralado por una realidad que, más allá de los “manipuladores”, deja ver que soberbia e incapacidad no son una receta adecuada para “mover a México”.

El gobierno puede pensar, como parece que ha decidido hacer, que el conflicto de la casa del titular de Hacienda en el Estado de México, se encuentra en vías de enfriamiento. Y puede pensar y aspirar, a que los días de asueto que inician, darán un respiro al equipo en el poder y con ello, la posibilidad de encontrar finalmente, las respuestas que hasta el momento no se han registrado.

Sin embargo, el optimismo oficial parece olvidar algunos detalles. Detalles que al paso del tiempo podrían convertirse en verdaderos escollos para cualquier cosa.

Si se acepta que ya no habrá “nuevas casas” en el escenario oficial, lo que salta a la vista es que la famosa casa de Malinalco abarca límites que, hasta el momento, no se habían rebasado. Y no es el total del dinero el problema.

La Casa Blanca despierta por supuesto, todo el tema del conflicto de interés y de las relaciones político empresariales difíciles de explicar e imposibles de aceptar. Pero el hecho de que se tenga, hasta el momento, el hecho de los “pagos por años de trabajo” de una empresa, limita de alguna manera el problema.

No lo resuelve por supuesto. Y deja abierta la posibilidad de muchas cosas.

Pero en el caso de la casa del señor Luis Videgaray las cosas son un mucho más complicadas.

De entrada, la relación con el empresario favorito del gobierno del Estado de México encabezado por Enrique Peña Nieto y del cual el propio Videgaray fue parte fundamental. Se encargaba, entre otras muchas cosas, de pagar las obras del empresario.

Negar entonces la relación que va mucho más allá de un asunto entre particulares, es una mala estrategia.

En donde las cosas se complican más, es cuando el propio titular de Hacienda informa que pagó la casa, unos meses después de firmado el contrato a 18 años, de contado. Y aquí es donde los límites se rebasa.

Las leyes sobre este tipo de movimientos, son claras, No se puede hacer frente a un pago así con dinero en efectivo. Se deba realizar por medio de documentos bancarios. Y cuando no se practica esto, se considera que la operación fue “atípica”. Y hay dentro de la propia Secretaría de Hacienda, oficinas que se dedican a detectar e investigar estas operaciones. En el mejor de los casos, son irregulares. Y esta reglamentación se puso en vigor para evitar el lavado de dinero.

Es por ello que la compra de la casa en Malinalco llega a niveles singulares. Y no parece posible que se piense que el olvido será la solución.

Puede ser que el trato en sí no tenga nada de ilegal. Pero la operación es irregular Y cuando se trata de una segunda parte de la novela de la casa blanca, entonces las cosas dejan de ser legales, para ser irregulares. Y a querer o no, el conflicto de intereses es apenas el primer escalón del escándalo.

Luis Videgaray es el hombre que impulsó una reforma hacendaria que, con buenos ojos, paralizó a la economía. Es el funcionarios que se dedica a perseguir a los ciudadanos que no pagan los impuestos que se les carga. Es el hombre al que le gusta ser el “rudo” del gobierno.

Y por ello precisamente, es que las cosas tienen que aclararse a fondo. La Secretaría de Hacienda no puede estar bajo sospecha. Ni puede quedar fuera de la normatividad.

No puede, en síntesis, esperar que la “engañosa normalidad” retome el control a partir de enero y todo el escándalo quede en el olvido.

Y menos cuando la confianza en el gobierno mexicano en el exterior parece tambalearse.