norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Los problemas en Michoacán están lejos de haberse solucionado. La estrategia aplicada es ya, un fracaso absoluto. Pero tal vez, la parte más importante es la negativa para aceptar la realidad de parte del comisionado Alfredo Castillo.

Lejos de intentar explicar cómo es que pensaba alcanzar una solución de fondo con una estrategia fincada en la ilegalidad, o de buscar convencer a la sociedad con la verdad, el señor Castillo pretende tan solo, negar que existan ejecuciones de parte de la autoridad, o fincar la raíz de los nuevos enfrentamientos en la violación de “códigos” entre los grupos armados. Esto, querer evadir toda la responsabilidad, sin aceptar el tamaño de la derrota.

Para el señor Castillo, el choque en la Ruana se originó en el hecho de que los grupos de Hipólito Mora y de Luis Antonio Torres, no cumplieron con los “códigos” existentes.

Y mucho más allá cualquier “acuerdo”, “código” o “pacto”, lo que el comisionado no quiere explicar es el motivo por el cual se decidió combatir la inseguridad en Michoacán legalizando a los grupos armados que, de manera ilegal existían.

Castillo simplemente violentó todo el marco legal en todos los niveles. Se convenció que podía armar grupos y que una vez que la violencia disminuyera, podría no sólo “entregar buenas cuentas”, sino hacer valer sus aspiraciones políticas.

Después, el comisionado se ha preocupado por “demostrar” que no hay ejecuciones de parte de las autoridades y que los enfrentamientos como el de Apatzingan hace un par de días, son producto de “emboscadas” que provocan civiles muertos.

No obstante, la realidad se opone a la estrategia del comisionado.

Si hay enfrentamientos, provocados por quien se quiera, lo que se tiene a la mano es que no se ha logrado la pacificación. Y que el armar y legalizar grupos a lo largo y ancho del estado, fue todo, menos una buena idea.

Del mismo modo, querer demostrar que no hay ejecuciones, es tanto como aceptar que la posibilidad existe. Dicho de otra manera, la defensa que se ha hecho, muestra que podrían realizarse ejecuciones y que en esta ocasión, por fortuna, no sucedió.

El señor Castillo tendría primero, que explicar las causas de la violencia. Esto es, si hasta hace muy poco presumía de los avances en la pacificación, ¿que provocó el resurgimiento de la violencia?

Si a Hipólito Mora y a Luis Antonio Torres se les dio un trato privilegiado y se aceptó legalizar a sus grupos, ¿qué clase de código se rompió? ¿Y es posible creer que el señor comisionado no sabía de la existencia de dicho código?

Alfredo Castillo inventó un monstruo con la idea muy simplista, de que si los delincuentes y violentos se mataban entre sí, a final de cuentas lo que tendría que hacer no sería sino un simple recuento de los hechos y presumir la eficacia de su estrategia.

Ahora, sin embargo, se enfrenta a una realidad que señala que en Michoacán la pacificación no pasa de ser parte de los discursos oficiales. Y peor aún, ahora también tiene que demostrar que la ley no es violentada por las fuerzas de seguridad. Lejos de avanzar, Alfredo Castillo para encontrarse en franca retirada.

El problema sin embargo, no termina con los recientes enfrentamientos.

¿Cuántos grupos armados existen en la entidad? ¿Quienes son los líderes? ¿Cuáles son los “pactos” con el grupo de Alfredo Castillo? ¿Cuáles son los códigos bajo los que actúan?

Y lo que es mucho más serio: ¿hasta cuándo se hablará con la verdad y hasta cuándo se le dirá a la Nación lo que realmente ocurre en Michoacán?