En Michoacán se ha violado ley para “pacificar la entidad”. Se ha hecho uso de los recursos del poder, sin tener en cuenta la voluntad ciudadana. Se han dicho medias verdades y se han ocultado las verdades. Pero después de la comparecencia del comisionado ante legisladores el pasado martes, queda claro que el problema del gobierno federal en esta entidad se encuentra en la enorme soberbia del señor Alfredo Castillo.
Carente de la menor autocrítica, con el peso del poder federal en la mano y siempre dispuesto a utilizarlo, Alfredo Castillo enfrentó los cuestionamientos de los legisladores. Pero no para responder, sino para evadir. Y por supuesto, para demostrar que el poder le respalda en todo.
Presuntuoso, como si recordará que él “solucionó” el caso Paulette en el Estado de México y que con ello “salvó la conquista de la candidatura presidencial de Enrique Peña Nieto”, pero carente de contundencia para explicar lo que sucede en Michoacán, Alfredo Castillo puso en claro que en esa entidad la violencia no se ha controlado precisamente, por la soberbia aplicada desde el poder.
Tal vez el caso que mejor muestra lo sucedido sea el enfrentamiento registrado con Luisa María Calderón.
Alfredo Castillo intentó burlarse del gobierno de Felipe Calderón. Y dijo que el error más grande de esa administración fue dar por muerto a Nazario Moreno, ya que con ello permitió el fortalecimiento de Los Templarios. Y en una demostración de “hombría política” lanzó la puya directa a la señora Calderón que senadora como es, no forma parte de la Comisión Permanente, ante la que se realizó la comparecencia.
La legisladora panista intentó responder al “valiente” ataque del señor Castillo. Pero este, con la fuerza del poder en la mano, “dio instrucciones” para que no se le permitiera hablar. Soberbia pura. E incapacidad abierta para un debate real.
Pero lo que este hecho demuestra es que, se acepte o no, Alfredo Castillo es altamente capaz para “encontrar niñas al pie del colchón” y para despreciar a los críticos. Pero que para ello, es capaz incluso de poner en claro su propia incapacidad.
Si se acepta el hecho de que el gobierno de Felipe Calderón cometió un error en el caso de Nazario Moreno, la pregunta tendría que ser ¿debido a qué no se ha remediado en Michoacán esa situación?
¡Sería aceptable la idea de que un error del gobierno federal anterior fue suficiente como para llevar a Michoacán a enfrentamientos como el de la semana pasada? ¿No es igualmente peligroso sellar acuerdos que violentaron la ley, como fue el legalizar grupos armados? ¿Es aceptable el hecho de que los líderes que hoy se lleva a la cárcel son los mismos con los que el señor Castillo hablaba de la pacificación de Michoacán?
Calderón cometió muchos errores. Nadie lo discute. ¿Pero qué hacemos con los errores que ha cometido Alfredo Castillo? ¿Cuándo y de qué manera el comisionado debatirá sobre la violación de la ley que significa su nombramiento? ¿Y qué pasa con los nombramientos que ha hecho él en el gobierno michoacano que tampoco tienen soporte jurídico?
La comparecencia del pasado martes ante legisladores puso en claro el fondo del problema en Michoacán.
No hay autoridades. No hay gobernador. No hay Congreso. No hay alcaldes. Pero a cambio, se tiene un comisionado que al mejor estilo de los “jefes políticos” del porfiriato, hace del poder un patrimonio personal. Y toma decisiones a su gusto y siempre de acuerdo a su proyecto.
El que den o no resultados a gusto de la ciudadanía es, por supuesto, algo que no tiene importancia alguna para el enviado de Los Pinos. Después de todo, como parece ser, Alfredo Castillo sabe que le deben favores importantes.


