norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

Siempre ha sido capaz de evadir la responsabilidad como gobernante ante cualquier problema. Pero ahora Miguel Mancera ha demostrado, sin rubor alguno, su capacidad para burlarse de la sociedad y para utilizar cualquier recurso con tal de esquivar el compromiso y al mismo tiempo, querer ganar popularidad.

Después del escándalo de las “casas Higa” que tanto le han costado en credibilidad y liderazgo al gobierno de Enrique Peña Nieto, el jefe del gobierno del Distrito Federal apareció en público para anunciar que su administración daría a conocer las declaraciones patrimoniales de todos y cada uno de sus integrantes.

Miguel Mancera hacía el anuncio con la evidente intención de marcar una diferencia para con el gobierno federal. Y al mismo tiempo, para desmarcarse del escándalo que agobiaba al perredismo tras la corrupción de todo tipo, puesta en evidencia en Guerrero.

Pero las cosas no caminaron. Al menos no como Mancera había dejado entrever.

Pasaron varias semanas y muchos pensaron que no sucedería nada. Evidentemente en el gobierno del Distrito Federal entendieron que no cumplir con la promesa llevaría a perder aún más terreno en lo que a credibilidad se refiere, frente a la ciudadanía. Algo muy riesgoso en un período electoral como el que se vive en la actualidad.

Así, se determinó cumplir con la presentación de los bienes de los funcionarios en la capital de la República. Pero se hizo desde la necesidad de cumplir sin aclarar.

Así, Miguel Mancera decidió que antes de ir al fondo de lo que verdaderamente es “hacer pública” una declaración patrimonial, resultaba mejor intentar otra vez, evadir la responsabilidad. Y se prefirió burlarse de los capitalinos.

El señor Mancera declaró tener una casa en copropiedad. Cuatro departamentos, uno de los

cuales también es en copropiedad. Declara ingresos por varias líneas. Pero el problema es que, supone que decir sin explicar, es suficiente.

No aclara montos en ningún caso. Y ello significa que al final de la administración podría declarar lo que fuera, sin que nadie pudiera determinar el momento en que el bien llegó a su poder. O la ruta que siguió.

Y lo mismo hicieron sus funcionarios. El recurso de hablar de “montos variables” para referirse a lo que se tiene en inversiones, ahorros y demás, no es más que la demostración del sentimiento patrimonialista que quienes detentan el poder en el DF tienen de los cargos.

No tienen la menor de las intenciones de explicar a la sociedad lo que tienen y menos aún, la forma en que esos bienes llegaron a su poder.

Del mismo modo, lo que ha hecho el señor Mancera es, además de burlarse de los ciudadanos, es abrir la puerta por la cual todos aquellos que buscan una candidatura bajo las siglas del perredismo, podrán darse el espacio necesario para esquivar toda responsabilidad ante el electorado. Después de ver la declaración del titular del gobierno capitalino, todo mundo conoce la ruta para no explicar nada.

El señor Mancera quería marcar una diferencia para con el gobierno de Enrique Peña Nieto. Y por supuesto, lo ha hecho. Es mucho peor.

Y lo es por la simple y sencilla razón de que, con la tormenta política que hacía mella en el gobierno federal, el anuncio de que los perredistas en el DF darían a conocer sus declaraciones patrimoniales, buscaba marcar una ruta no sólo distinta, sino de ejemplo para todos.

Ahora, lo que está a la vista es el esfuerzo, lleno de demagogia de Miguel Mancera y su equipo, por querer “ser diferentes” ante la sociedad, pero al mismo tiempo, esquivar toda responsabilidad política y moral de frente a los capitalinos.

La burla del señor Mancera deja ver lo poco que en el PRD se ha aprendido de las lecciones de Iguala en lo particular y en Guerrero en lo general.

Y a querer o no, deja ver que para Mancera, toda la corrupción que se vive en su gobierno, en todos los sectores, es algo que puede mantenerse “bajo la alfombra”, al menos mientras se cumplen los plazos electorales.