norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

El gobierno federal no ha entendido que la batalla que esta a punto de perder es la de la credibilidad. Y menos ha comprendido que si esa derrota se consuma, recorrer los cuatro años que le restan de gestión será algo más que complicado.

En Tlatlaya el gobierno mintió. Intentó cubrir un evento ilegal cometido por el ejército. Y ahora, no sólo tiene que reiniciar el caso, sino que lo hace en una franca desventaja originada en el ocultamiento de la verdad al momento de los hechos.

En el caso de Iguala, no se ha querido entender que el problema no radica en la pareja que controlaba el municipio, sino en el evidente hecho de que el aparato de inteligencia del estado no fue capaz de detectar las ligas del gobierno perredista del ayuntamiento con el narcotráfico, raíz de buena parte del problema.

A pesar de estas nada alentadoras experiencias, el gobierno mantiene su estrategia de dejar pasar y dejar hacer. Y el caso FICREA le ha golpeado en la línea de flotación, tan dañada ya a estas alturas.

Como se sabe, la citada entidad financiera tiene un fraude de más de dos mil millones de pesos con un buen número de ciudadanos convertidos en víctimas. Y la autoridad, como en los casos anteriores, se enteró de los problemas por los medios de comunicación. O es lo que quieren que se crea.

En este tema, lo que está a la vista es la incapacidad o corrupción, o ambas, del aparato oficial encargado de controlar este tipo de operaciones.

FICREA, o sus dueños, movieron millones de dólares en todos los campos. Lo mismo en operaciones dentro del país, que en el exterior. Y nadie fue capaz de poner bajo control dichas operaciones.

Ahora, mediante citatorios a los encargados de las áreas que tendrían que haber detectado el problema desde su inicio, que el gobierno, o las autoridades hacendarias, sabían desde julio del 2013 de algunas irregularidades. Y que nada hicieron al respecto.

Se sabe también, que hubo algunas sanciones de parte de la CONDUSEF. Pero que nada se puso en marcha para evitar que el daño llegará a los ahorros de cientos de mexicanos.

Hoy se quiere que se acepte que los montos de los bienes asegurados no serán suficientes para que todos los ahorradores puedan recuperar sus inversiones. Dicho en pocas palabras, los ciudadanos que llevados por su interés en mayores ganancias y confiados en la protección oficial, tendrá que aceptar pérdidas importantes en su patrimonio.

Pero ¿qué sucederá con quienes no cumplieron con la responsabilidad de proteger a los inversionistas?

La Secretaría de Hacienda tiene al frente de la Unidad de Inteligencia Financiera al señor Alberto Bazbaz. El mismo que se desempeñó como procurador en el Estado de México y que no fue capaz de encontrar a la niña Paulette Gevara, cuyo cuerpo apareció diez días después de su salida del cargo, a los pies de un colchón y gracias a la “investigación” que realizara Alfredo Castillo, el hoy comisionado en Michoacán.

La PGR tiene también, una unidad dedicada a vigilar movimientos “atípicos” de dinero, con lo que se quiere controlar el lavado de dinero.

Y nadie, en ninguna parte, fue capaz de detectar lo que sucedía con FICREA.

Ahora, el gobierno pretende que se crea que no hay nada que sancionar en las filas oficiales. Se quiere que se crea que todo se origina y termina en la perversidad de los dueños de la financiera.

Pero, como el Tlatlaya o en Iguala, no se quiere entender que lo que fracasó fue el gobierno y sus áreas encargadas de proteger a los usuarios. Y se podrá dar por terminado el caso, como se quiere hacer en Iguala o en Tlatlaya, sin llegar al fondo de las cosas y determinar la responsabilidad de aquellos que tendrían que haber evitado los acontecimientos.

Lo que difícilmente se logrará será la confianza de los sociedad. Pretender que en el caso FICREA no hay funcionarios de alto nivel involucrados, por corrupción o por incapacidad, o por ambas, será tanto como burlarse de los afectados.

Y por supuesto, del resto de los mexicanos que sabrán que la constante en el actual gobierno sería el ocultamiento de la verdad.