En realidad, poco importa si gana o no su demanda. Lo que Florence Cassez ha logrado es colocar a México, de nueva cuenta, en el banquillo de los acusados y con todo el mundo como observador. Justo en el momento en el que la opinión pública internacional pone de manifiesto sus muchas dudas sobre lo que sucede en nuestro país.
La señora Cassez demanda a Felipe Calderón, Genaro García Luna, Luis Cárdenas palomino, a Televisa y a un par de sus reporteros-conductores, por daño moral. Y tiene como base de sus hechos y dichos, todo lo sucedido a lo largo de siete años en los que entre otras muchas cosas, la autoridad se permitió, contra todo lo establecido por la ley. “recrear” para la televisión, el arresto de la ciudadana francesa.
Los datos del proceso son de sobra conocidos. La autoridad cometió tantos errores, dijo tantas mentiras y se permitió violentar la ley, que a final de cuentas, y con todos los retos del caso, la Suprema Corte determinó que ante la manipulación de hechos y de pruebas, resultaba imposible determinar la inocencia o culpabilidad de la señora Cassez, lo que obligó a ponerla en libertad ante las violaciones al debido proceso.
El ridículo internacional fue enorme. Y México aguantó más que nada por la velocidad y profundidad que, se suponían, traían consigo las reformas estructurales puestas ya en la agenda nacional como eje de la nueva administración.
Pero el problema no se resolvió. Arrancó en la parte final de la administración de Vicente Fox. Y se mantuvo la cerrazón oficial, a pesar de todas las pruebas en contrario, a lo largo del sexenio de Felipe Calderón, Y fue el gobierno de Enrique Peña, a su arranque, el que decidió enfrentar los costos de una innumerable falla de torpezas panistas.
El problema sin embargo se quedó en la superficie. Lejos de ir por los responsables de un ridículo monumental, el actual gobierno confió en las conquistas que se avecinaban. Con las reformas en la mano, México crecería poco más de 4 puntos extras en el PIB. Lloverían las inversiones, se tendría
aumento en el empleo y nadie recordaría el caso de la señora Cassez.
Ahora, las cosas son diferentes. La imagen del gobierno federal no puede estar peor, lo mismo en lo interno que en lo externo. Las reformas están si no detenidas, si bastante lejos de las metas que se habían programado para estas fechas. La pobreza no disminuye, la violencia se recrudece y los conflictos de interés y de corrupción brotan en todos los niveles.
Del mismo modo, estamos ya prácticamente, en el medio de las campañas para renovar entre otros muchos cargos, la totalidad de la Cámara de Diputados, con la advertencia de que en es esta Cámara en donde se discuten y aprueban, cada año, los presupuestos de la Federación.
Y es en este momento en donde todo el aparato de justicia mexicano entre a debate. Y a debate en el exterior. Con el agravante de que tenemos ya el problema de la demanda de la señora Maude Versini contra Arturo Montiel por la custodia de los hijos de ambos y que ha provocado ya, algunas reacciones externas poco agradables.
Al momento en que todo la estructura de la justicia en México entre a discutirse, quedará en claro que somos todo lo que se quiera, menos una nación capaz de presumir su aplicación de la ley.
Saldrán a relucir compadrazgos, acuerdos fuera de la ley, favoritismos, compromisos y demás. Con todo lo que ello significa.
Tal vez Felipe Calderón, Genaro García Luna, Luis Cárdenas Palominos, Televisa y sus empleados no tengan que pagar los algo más de 35 millones de dólares que demanda la señora Cassez. Es muy posible que la demanda sea atorada en alguna parte, sólo para demostrar que lo que la demandante dice es cierto.
Tal vez el proceso se alargue por mucho tiempo y poco a poco se pierda el primer impacto.
Lo que no sucederá es que en o externo, México recuperará su imagen. Quedará a la vista de todos que podemos reconocer errores o ilegalidades, pero que no somos capaces de sancionarlas. Quedará en claro, pues, que somos una democracia muy afecta a los discursos y los grandes actos, pero poco dispuesta a la aplicación de la ley con todo su peso y todos sus efectos.


