El presidente Enrique Peña Nieto no ha sido capaz de comunicar de manera adecuada, su proyecto de gobierno y las decisiones que para ello se han tomado. Después de la campaña que le llevó al poder. El titular del Ejecutivo Federal perdió la brújula en todo lo que es la comunicación. Y ahora, ante la creciente ola de críticas y pérdida de credibilidad, aparece como un político incomprendido.
Durante una visita más al Estado de México, su entidad natal, Peña Nieto inauguró obras y se dejó rodear por los suyos. Acompañado por “su gente”, el presidente se mostró un poco más suelto que de costumbre y aprovechó la ocasión para destacar que hay cosas importantes en su administración.
Habló de la larga distancia, de las tarifas eléctricas, del fin de los llamados “gasolinazos” y por supuesto, de la reforma hacendaria, la cual según puso en claro, ha permitido obras como las que inauguró y tener en marcha al menos, 4,600 proyectos más.
Sin dijo el presidente, los cimientos, para que México pueda despegar.
Y ya entrado en el tema, Peña Nieto puntualizó que las “obras y las acciones que tienen impacto positivo, a veces se olvidan fácilmente”.
Así, con un pronunciamiento por demás simple y simplista, el presidente de la República intentó responder a los muchos señalamientos que en los últimos cuatro meses se han hecho sobre su administración y la incapacidad que se ha mostrado ante los problemas como el del Tlatlaya, Iguala o los relacionados con las casas de Malinalco, la de las lomas o la de Ixtapan de la Sal.
El problema de todo esto es que, entre otras muchas cosas, el presidente olvida, también muy fácilmente, que no se puede buscar que la sociedad encuentre compensaciones ante los problemas, en hechos que a final de cuentas, son la obligación fundamental del gobierno.
Dicho de otra manera, en campaña por la Presidencia, Enrique Peña Nieto prometió muchas cosas. Pero en síntesis, habló de un “gobierno de resultados”. Nunca se refirió a resultados parciales. O sólo a determinados resultados.
Así, ¿es posible que se le pida a la sociedad que, a cambio de caminos y obras materiales, se olvide de los muchos problemas de inseguridad o deje de lado el tema de los conflictos de interés en el primer nivel del gobierno?
Después de todo, a dos años de distancia, es claro que el gobierno ha perdido impulso. Y que la causa para esos problemas nada tienen que ver con el listado presentado como ejemplo, por el presidente.
Las modificaciones en los precios de las gasolinas, eléctricas o de larga distancia ¿tienen un impacto real en el bolsillo de los mexicanos como para pensar que hubo un beneficio? ¿No sería mejor tener una tasa de crecimiento en el empleo? ¿No la devaluación del peso tiene un impacto serio en precios de todos los sectores?
El presidente habla de la mejoría en la educación especialmente, en los menores. Pero se olvida de que la reforma educativa, en el mejor de los casos funcionará sólo en algunos estados. Puede ser que en la mayoría, ¿pero que hacemos con los estudiantes en los estados en donde los cambios no serán puestos en marcha? Si la reforma es tan importante y su impacto tan grande, ¿no se tendrían que realizar acciones de estado para primero, convencer sobre los beneficios del cambio y después, para aplicar la ley?
La realidad es que el presidente Peña Nieto mostró que está lastimado por las críticas. Especialmente las externas. Pero al mismo tiempo, demostró que no tiene las respuestas adecuadas para hacer frente el hecho de que, a querer o no, los gobiernos deben ser respetados antes que otra cosa, sin importar si son o no queridos. Y en lo que al respeto se refiere, la actual administración federal tiene ya, un muy serio déficit.
Y eso no se soluciona con obras o discursos.


