El sector empresarial en el país ha entendido la debilidad política del gobierno de Enrique Peña Nieto y, ante ello, ha salido a demostrar no sólo su fuerza y habilidad, sino a mostrarse como el aliado indispensable para el grupo en el poder.
Y para sus objetivos, no escatimaron señalamientos, siempre con la idea de ser ellos y sólo ellos, la respuesta a los problemas del país.
Así, en tanto el CCE demanda acciones enérgicas en contra de la inseguridad y destaca la necesidad de aplicar una reingeniería en el ejercicio del presupuesto, Lorenzo Servitje, dueño de Bimbo, establece que el presidente Peña Nieto se encuentra en su “peor momento como dirigente del país”, de acuerdo con las encuestas.
El empresario Servitje no se quedó ahí. Puntualizó que es peligroso para el país la baja aceptación que registra el Presidente, por lo que para enfrentar esta situación “delicada y triste”, se requiere que el empresariado nacional respaldo al gobierno federal.
Más allá de que en este señalamiento podría entender que por el momento el gobierno no ha tenido el apoyo de los hombres del dinero, lo que aparece es la estrategia empresarial por presionar para que los cambios que reclaman especialmente en la reforma hacendaria, sean puestos en marcha en plazos más bien cortos.
El señor Servitje, con todo el peso del mensaje preparado, soltó la afirmación de que “con todo su fuerza política”, los empresarios mexicanos deben respaldar al presidente.
Así, queda claro el mensaje. El titular del Ejecutivo carece de respaldo social y por lo visto, su partido está lejos de poder darle el soporte que requiere. Por ello, son los empresarios los que deben dar el apoyo que lleve al gobierno a enfrentar con éxito la caída en la popularidad que sufre el gobierno.
Servitje añadió que, dentro de la estrategia para resolver la crisis, deben ponerse en marcha, medidas para acelerar el crecimiento económico y con ello, lograr más empleos y crecer no al 2% anual, sino al menos al 5% por año.
Por su parte, el Consejo Coordinador Empresarial demandó una reingeniería en el gasto del presupuesto, en la que dijo, deben reconsiderarse algunos proyectos o al menos, sus tiempos de ejecución.
Del mismo modo, pidió un pacto anticorrupción y demandó a los empresarios que no se entregue dinero a los partidos políticos en forma de aportaciones.
Tanto el CCE como el señor Servitje recordaron el daño que hace la inseguridad en el país. Y consideraron que este problema repercute directamente en todo lo que es inversión. Nadie arriesga sus capitales por nada.
La postura de los empresarios no es nueva. Ni siquiera es algo que no se esperara. Se sabía que el malestar de los hombres del dinero con las acciones y reformas del gobierno se mantenía firme.
Lo que sucede es que este es el momento en el que los empresarios sienten que su mensaje puede tener un mayor efecto.
Aquello de que el presidente “enfrenta su peor momento como dirigente del país” no es algo que se dijo sin pensar. Por el contrario, el empresariado le recuerda al presidente la difícil situación por la que atraviesa su gestión. Y se quieren presentar como la solución. Por supuesto, a cambio de la reingeniería presupuestal que demandan.
Este es sin lugar a dudas, un momento difícil para el gobierno en lo general y para el presidente en lo particular.
Lo que no está claro es si una “reingeniería presupuestal para dar gusto a los empresarios, es la real solución a un problema que, como se quiera ver, no es de gasto e inversión, sino de modelo económico.
Algo que por supuesto, los empresarios no quieren discutir. Y por lo visto, el gobierno tampoco.


