Para el gobierno de Enrique Peña Nieto los problemas se acumulan y crean un ambiente en el que cualquier cosa que se emprenda, queda atrapada en un mar de dudas y sospechas. Y la lentitud con la que la administración federal reacciona, simplemente eleva el grado de descomposición política que se enfrenta.
En Iguala, el peñismo intentó dar por terminado el caso con una actuación fincada en lo legal. Pero los peritos argentinos, con el incuestionable peso que el propio gobierno les entregó, simplemente pusieron en duda todo el trabajo realizado. Y por supuesto, alimentaron todo el movimiento que señala que el accionar oficial no es más que el intento por ocultar la realidad. La “verdad histórica” del gobierno se derrumbó sin mayor problema.
Lo mismo le sucede a la administración federal con el discurso y promesas de combate a la impunidad y la corrupción.
El problema de las cuentas en Suiza y el tema de los mexicanos con propiedades en los Estados Unidos amenaza con, de nueva cuenta, colocar a la autoridad en el terreno de la incapacidad y la complicidad.
En el caso de los depósitos en Suiza, el listado de nombres de mexicanos parece ser enorme. Se conoce apenas una parte menor. Pero lo importante no son los nombres, sino los mecanismos aplicados para evadir controles y obligaciones.
Las disculpas aparecen ya. Son depósitos hechos en el pasado y que ahora resultan en beneficio para los herederos. Pero el problema no es ese. El tema es el ¿cómo? es que las autoridades no aplicaron ningún tipo de control sobre el dinero.
La Secretaría de Hacienda, por medio de los muchos mecanismos con que cuenta, no se enteró de nada. Y así, se evadieron impuestos y se movilizaron cantidades de dinero importantes, sin que
nadie explicara la procedencia de los capitales.
En otras palabras, la dependencia que tiene a todo pagador de impuestos con la amenaza permanente de ser sancionado a la menor falla en sus declaraciones o en sus no declaraciones, es incapaz de poner atención a movimientos que, sumados, podrían ayudar a resolver muchos de los problemas que hoy se viven gracias a la caída en el precio del petróleo.
En este tema, hay políticos y empresarios. Y todos gozan de total impunidad.
En el caso de las propiedades en Estados Unidos, The New York Times dio a conocer ayer, en primera plana, el caso de la familia Murat, que se informa, cuenta con varias propiedades, todas de elevado valor, que fueron adquiridas algunas de ellas, de manera reciente.
Los involucrados que encabezan dicha familia, José el cacique y exgobernador de Oaxaca, y Alejandro, titular del INFONAVIT y aspirante a la candidatura al gobierno oaxaqueño, han negado la información. Pero no han hecho lo realmente necesario para remediar el problema.
José Murat habla de un complot en su contra. Y su hijo se negó simplemente, a dar a conocer su declaración patrimonial. Y hablan de herencias, como si la historia familiar no fuera de sobra conocida.
Pero lo importante aquí es el silencio oficial. No sólo sobre lo que ha sucedido, sino sobre el presente. Esto es, no se investiga la procedencia del dinero aplicado en las compras, sino que tampoco se intenta aclarar las cosas con un funcionario de alto nivel en el gobierno que dice querer combatir la corrupción y la impunidad.
El caso de los señores Murat puede ser el punto sobre el cual se eleve el grado de verdad con el que discurso oficial puede ser medido.
Es obvio que hay interesados en que la información se conozca. Y es claro que muchos de esos interesados quieren meter en problemas al gobierno federal. Pero ¿no eso es lo que hacen los rivales? ¿No todos los gobiernos tienen rivales?
El problema no es la existencia de esos rivales. El asunto es que el gobierno presente tantos flancos atacables. El punto es que el gobierno quiere, o dice querer, atacar la corrupción, y a su lado tiene cuadros y funcionarios que muchos tendrían que explicar sobre la adquisición de inmuebles con valores millonarios, cuando el historial de trabajo que se les conoce tiene sólo los cargos públicos como soporte.
Cuentas en Suiza y bienes inmuebles en Estados Unidos no son más que la muestra del problema. Y la respuesta que se de será la unidad de medida sobre la verdad en el gobierno de Enrique Peña Nieto.


